3/4/12

Escurrimiento y Anticoagulantes


Me contaron una historia que me hizo pensar en la idea de esta obra. Ocurrió hace 40 años en Centroamérica: un grupo guerrillero realizó una acción espectacular y sorpresiva para ocupar un edificio público y tomar muchísimos rehenes. Por más de una semana tuvieron concentrada la atención de la prensa y la población; amenazaban con matar cada día a un rehén si no se cumplían sus demandas políticas. Para avanzar en las negociaciones se pidió ayuda al nuncio apostólico, un sacerdote italiano que ingresó al edificio y dialogó durante horas con los guerrilleros. Al salir, el nuncio se encerró nuevamente, ahora con el ministro del interior, y afirmó que esos guerrilleros tenían “el valor para morir, pero no el coraje para matar”, ante lo cual recomendaba “no negociar”. Siguiendo sus indicaciones, el gobierno dejó que los guerrilleros se cansaran de esperar una respuesta y éstos terminaron por renunciar a sus demandas, consiguiendo apenas un salvoconducto con rumbo al exilio.
      “La justicia no es una idea. La justicia es una acción”, dice Ras al principio de esta obra. Y las acciones justicieras sólo las pueden realizar los hombres extraordinarios. ¿Pero quién determina si uno es extraordinario?
Primera prueba: la acción. Si te levantas con la determinación, ya tienes un 10 % ganado, y si sales a la calle, sumas otro 25. Incluso puedes tomar el hacha y levantarla, con lo que tal vez acumules 90%. Pero si no asestas el golpe, más te vale regresar a casa porque sin duda eres un hombre ordinario. Las acciones extraordinarias se completan siempre.
Segunda prueba: la discreción. Los hombres extraordinarios entienden que la justicia es anónima, como la gloria. Tal vez tengas la idea de dejar alguna pista reivindicatoria, una letra, una simple “R” que despierte la admiración de los exégetas. Craso error. Los hombres extraordinarios no requieren de alguien más que avale sus acciones.
Siguiendo este razonamiento, en el mundo actual abundan los hombres extraordinarios que toman la justicia en sus manos, aunque no siempre tengan la razón ética de su lado, y las más de las veces, tampoco la moral.  Todos creemos que hacen falta hombres extraordinarios, pero la verdad es que sobran. Lo extraordinario sería –en los tiempos que corren–,  ponernos de acuerdo para alcanzar el bien común. Pero lo extraordinario parece demasiado ordinario y no lo percibimos. Suecia fue, hasta el asesinato de Olof Palme, una sociedad ordinaria y apacible; hoy sólo es el marco de extraordinarias novelas policiacas. Por todas estas razones, y otras para las que no nos queda espacio, vale la pena concentrarnos y discutir lo que dice esta obra de Teatro Legeste, basada, sí, en un  clásico  de Dostoievsky, aunque en realidad tiene un título que a muchos les parece extraordinario, y a otros les suena de lo más ordinario.

Escurrimiento y Anticoagulante, escrita y dirigida por David Gaitán, con Raúl Villegas, Ana Beatriz Martínez, Sara Pinet, Emiliano Ulloa, Pablo Marín, Guadalupe Ochoa y el propio Gaitán, una producción de Teatro Legeste que se presenta en la Sala Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque a partir de abril.