13/12/10

Wikileaks y la seguridad informativa


Se ha debatido estas semanas si las filtraciones informativas de Wikileaks son legales o constituyen una transgresión que pone en riesgo a estados y personas, pero el debate tendría que dar un paso adelante para posicionarse en torno al riesgo de que el suceso coyuntural de Wikileaks dé pie a una regulación, por no decir a un férreo control de la circulación informativa en internet. Los primeros pasos ya se han dado: la cancelación de operaciones a Wikileaks por parte de compañías como Amazon, Visa y Mastercard, quienes acusan a la organización no gubernamental de cometer actos delictivos –pese a que no existen denuncias concretas al respecto- nos habla, esa sí, de una atribución indebida de funciones con el propósito de castigar la disidencia. Por otro lado, ya los gobiernos comienzan a agendar el tema en sus congresos, con la intención de poner los primeros candados a la difusión de ciertos mensajes en internet.
             ¿En manos de quién estamos? Para hacer un ejercicio, el fin de semana pasado intenté cambiar temporalmente mi nombre de usuario de Facebook por el de “Anonymous”, en solidaridad con el movimiento de hackers que han pretendido responder a los ataques contra Wikileaks, pero la aplicación negó su autorización, lo que ratifica la existencia de filtros sobre determinados temas sensibles. ¿Cuáles son los criterios para aceptar o rechazar un nombre determinado? La aplicación no los aporta, simplemente niega.
            Leyendo las diversas reacciones al tema, encuentro algunas que, haciendo eco en la investigación de crímenes, hablan de rastrear al beneficiario para encontrar sentido a un suceso que ha tomado a todos por sorpresa. ¿Quién es el auténtico beneficiado por las filtraciones de Wikileaks? ¿Los usuarios, que acceden a información clasificada? ¿Los enemigos de Estados Unidos, que han puesto en evidencia al “policía global”? ¿El propio sistema de control que tomará la filtración anodina como pretexto para establecer reglas y castigos? Para dilucidarlo no hay que pensar en el primer golpe, sino en los que vienen, así que el tema que se ha puesto sobre la mesa dará mucho de qué hablar y posiblemente nos haga entrar a una nueva etapa de la red global.
            Más allá de que seamos testigos de una auténtica trama novelesca digna de Stieg Larsson (resulta providencial que Suecia sea una de las locaciones principales de esta historia) habrá que dejar la contemplación y asumirnos como activistas porque este suceso afectará sin duda nuestras formas actuales de comunicación. Yo lamento desconocer el arte del hacker, por lo que mi contribución hacktivista será casi nula, pero con mi nombre y rostro me sumo a los Anonymous defensores de la red como espacio sin dueño que debe ser expresión de absolutamente todas las posturas.