28/1/11

@Romeo and @Juliet



En marzo del 2010 The Royal Shakespeare Company subió a Twitter la popular obra del poeta de Stratford con resultados que llaman la atención; me lo ha explicado la directora Roxana Silbert, quien por un momento dejó la escena para explorar el espacio virtual: seis actores-personajes abrieron cuentas en la red social y, a partir de un guión sumamente abierto, se propusieron interactuar con sus cerca de diez mil followers acumulados a lo largo de cinco semanas. Es la misma tragedia de siempre,  aunque ambientada en la Inglaterra actual y atravesada por la conectividad específica de las redes sociales y los canales de video en línea.
Según cuenta Silbert, el trabajo con los dramaturgos consistió en preparar una serie de textos básicos en 140 caracteres y coordinarse con los actores para responder a las vicisitudes propias de la comunicación en tiempo real, es decir que se entrenó a los actores para que respondieran a las interrogantes y sugerencias lanzadas por los usuarios de la red, propiciando la exploración de caminos inéditos para la historia, aunque siempre con la encomienda de llevar ésta a los puntos de inflexión inevitables. Resultaba imposible evitar la muerte de Mercuchio, por ejemplo, pero se potenció la participación de los seguidores para advertir algunos de los riesgos que los protagonistas corrían. En la página web de la obra Suck tweet sorrow aún se puede consultar el diario de trabajo establecido a lo largo de las cinco semanas que duró la experiencia, aunque, como dice Silbert, hubo muchos sucesos que jamás pudieron prever y que obligaron a mantener una permanente vigilancia sobre el rumbo del proyecto. Según lo establecido, los personajes @JulietCap16, @Romeo_mo, @LawrenceFriar, @Tybalt_Cap, @Jess_nurse y @mercuteio se encargaban de subir sus twits en horarios específicos y aguardar para responder a cualquier interacción entre ellos mismos o con los seguidores. Sin embargo, muy pronto se vieron rebasados por el número de intervenciones espontáneas y debieron establecer estrategias específicas. Un caso curioso, me cuenta la directora, tuvo que ver con los arreglos laborales de la compañía, que establece un día semanal de descanso obligatorio, lo que muy pronto generó protestas entre los usuarios, que se preguntaban por qué Julieta o Romeo desaparecían en momentos cruciales para la historia. Como la convicción del trabajo no permitía que nadie más que los actores escribieran los twits, se trabajó en justificar ciertos periodos de silencio dramático. Se sabe que uno de los objetivos básicos del proyecto era atraer a públicos muy jóvenes, así que procuraban que los personajes escribieran en horarios en que los usuarios habían salido ya de la escuela, aunque después descubrieron que tenían numerosos seguidores en Estados Unidos y Australia, quienes protestaban el no poder seguir “en vivo” los sucesos de la obra. Según se puede apreciar en twitter, Julieta alcanzó cerca de 700 mensajes de texto, el último de los cuales, correspondiente al 12 de mayo, dice: “Mi dulce, dulce Romeo, mi amor, mi vida… a punto del estoque, doy todo de mí para ti…” Por su parte, Romeo escribe el 8 de mayo: “@lawrenceFriar no me des consejos de amor sobre Julieta, si tienes miedo a tu único amor, es mejor dejar el país; al menos no soy psico”.  Un asunto extra teatral que también generó discusiones fue la incorporación tardía de un patrocinador que se había comprometido a entregar celulares a los actores y al equipo creativo, con la condición de introducir una leyenda publicitaria en cada twit. Después de recibir el reclamo del público, que se sintió engañado, la compañía decidió eliminar la publicidad. En cambio, los seguidores tuvieron una muy fructífera participación en la fiesta en que Romeo y Julieta se conocen, proponiendo numerosos links musicales que de alguna manera ambientaron la escena. Experiencia similar constituyó el velorio de Mercuchio, quien recibió un número inusual de mensajes de despedida. 
    ¿Cuál es el balance de una experiencia como ésta? ¿Resulta útil al teatro el traslado de las obras a nuevas plataformas? ¿Se ganará público para la escena o se está renunciando con esto a la lucha por mantener con vida los templos teatrales? Sin duda es un proyecto que tendrá secuelas, por lo que vale la pena consignarlo como uno de los nuevos enfoques del performance y del teatro en la era de las sociedad red.