27/4/10

¿Café o Té?, he ahí el dilema.

No había entendido el origen de la disyuntiva, pero como metáfora funciona. Lo que antes fue el dilema cocacola-pepsicola –que otros han querido revivir en el absurdo McDonals contra Burguer King–, hoy en día es un problema político.
     Sabemos todos que en Estados Unidos ha surgido como un movimiento simbólico el llamado Partido del Té, una escición del Partido Libertario que en las elecciones federales de 2008 obtuvo 2 mil votos y a pesar de eso se ha adueñado de la agenda política estadunidense. Algunos dicen que tiene financiamiento de empresas y organizaciones identificadas con la derecha neo evangelista, pero su filiación ideológica tiene aristas dignas de revisarse. El principal objetivo del movimiento es impedir el crecimiento del Estado; a la manera de los anarcocapitalistas, su filosofía advierte que es el Estado el principal enemigo de las libertades humanas. Por otro lado, sin embargo, el Partido del Té aboga por el retiro de todas las tropas norteamericanas en el mundo, una reivindicación generalmente identificada con la izquierda y los pacifistas.
     Con todo y sus breves antecedentes, el Partido del Té ha tenido la virtud de aglutinar a los antiobamistas de todo el país, lo que definitivamente se traduce –en las nomenclaturas actuales– como una iniciativa para beneficiar al Partido Republicano. La reivinidcación final es “recuperar América”, aunque se haga a través de las más recalcitrantes iniciativas, como la que actualmente ha puesto a Arizona en el horizonte. No tengo datos sobre el poder de convocatoria real de este partido, pero lo indudable es que para bien y para mal está en boca de todos.
     Tanto es así que en algún lado ha comenzado la reacción; déjenme echar un clavado en internet y les cuento… Ya está. Apenas fue en enero de este año cuando se fundó el Partido del Café,  curiosamente a través de Facebook (algún día tendríamos que hablar de su dilema con el twitter), y en menos de un mes cien mil afiliados se manifestaron por la defensa del Estado como expresión de la voluntad colectiva. No faltará quien afirme que este número no es impresionante frente a los fans que pueden alcanzar otras aplicaciones menos relevantes, pero constituye apenas uno de los primeros movimientos de realineamiento ante los nuevos frentes de expresión política. El asunto apenas está dando de qué hablar.
     Yo por lo pronto comienzo preguntando-me con qué bebida nos identificamos actualmente, y en mi caso al menos será con el café. Es por adicción, por supuesto, llegué a ser un aceptable bebedor de te, pero hoy no puedo saltarme una taza de café. ¿Será el aroma? En el terreno ideológico la respuesta parece doblemente obvia y, sin embargo, siempre pienso que debe haber una tercera vía:
     Proponemos el Partido del Chocolate.