20/10/12

Manifiesto único (2003)


Por Telón de Aquiles*
El surgimiento de grupos y voces que demandan atención y espacio expresa tal vez una creciente y sana necesidad de comunicación, pero podría revelar, también,  un desenfrenado impulso por vaciar lo que la neurosis colectiva comprime en individualidades que se reúnen un día para armar aspavientos, atrapar las miradas y ¿luego?... luego callar. Mucho que desear, dudas, ante todo, se apelotonan en nuestras cabezas ante la sola mención de una colectividad que toma la palabra.  Se imponen las aclaraciones.
     El equipo que contiene, que pretende expresar el concepto Telón de Aquiles no se instala en la muy sobada perpetración de las provocaciones en falso, ni nos anima la remolona costumbre juvenil de decirle No a lo que nos precede. Somos un proceso, formamos parte de la historia. No estamos de acuerdo, eso sí, con la tendencia que articula los instrumentos y mecanismos para establecer como verdadero teatro aquel que atiende y complace las expectativas de mercado que impugnan los promotores culturales que nos representan como comunidad y nos reducen a confeccionadores de entretenimiento serial. Para nosotros integrar no es sumarse, ni sumarnos al discurso legitimador establecido por los funcionarios e instituciones que otorgan valía y existencia a los proyectos artísticos subvencionados y/o comercializados. Tampoco es construir el nicho que nos permita llorar o reírnos a solas con nuestras graciosidades geniales o frustraciones constantes. Hay una voz plural que busca interlocutores.
     No venimos a salvar al teatro de los salvadores del teatro. Ambicionamos el espacio de ejercicio y divulgación de nuestro trabajo y la vinculación con el público, el diálogo, sumarnos a la basta exposición de propuestas dramatúrgicas y escénicas, teatrales, pues, que en su conjunto, desde sus diferencias, y más en ellas que en sus afinidades, responden a la necesidad de reflexionar en acción la realidad que nos contiene y las diversas lecturas que tenemos de ella.
     Creemos que no es una sino varia la posibilidad de entablar el contacto con los receptores (de confeccionar un yo que sea un nosotros), y es en esa creencia que radica el sentido de la unión de puntos de vista divergentes. No buscamos imponer una visión, sino potenciar las líneas creativas de expresión existentes que aporten elementos de lectura y comprensión de nuestro tiempo, acaso para discrepar.
     Tiempo es una noción peligrosa por vasta. Decimos nuestro tiempo y no nos referimos a la configuración, que es, que sería, en todo caso, una mera circunstancia, de una generación con discurso homogéneo. Ineludiblemente estamos inscritos en el transcurso del tiempo, somos tiempo, nuestro tiempo, estar siendo en nuestra condición. Otra manera de pensarnos podría remitirnos a la noción de tránsito, somos acontecer. Por tanto, nos interesa el ejercicio de nuestra presencia y su ubicación en el espacio que le viene mejor: el presente. Aprenderlo y explicarlo en nuestro reto. Está demás citar que los usos en boga optan por esquivar la tarea de entablar un compromiso con el entorno, con un nosotros que intente por lo menos hacer referencia a los que somos, inscritos todos en un contenedor geográfico que nos distingue como extraños cercanos y nos asemeja quizá solamente en el uso de una lengua que hasta estos días, pese a lo que se diga, no ha sido común... Nosotros es más de lo que se ha podido comunicar desde la comodidad burguesa y dice más, en ambos sentidos de la escalera imaginaria que dibuja nuestro devenir social: ascenso, descenso, con-senso y contra-senso.
    Pretender una sola exposición, una lectura única o totalizadora, que contenga lo inabarcable del este estar siendo simultáneo en la extensión del globo, nos conmueve por el esfuerzo iluso que supondría negar lo innombrable o lo desconocido. Necesitamos de lo otro para inventarnos y ser, como el referente que nos obligue a dudar, aceptando que dudar es suscitación de movimiento, incitación a pensar. En este sentido, Telón de Aquiles se vincula con las voces que levantan la mano en los remotos y próximos rincones del país. Buscamos todas las voces dispuestas, damos bienvenida a todas las inquietudes trazando los puentes entre la tradición (reciente o mediata), la emergencia y los cambios que implica una actividad que se revisa a sí misma constantemente. Las miradas otras, distantes, ajenas, representan otra de las premisas de la agrupación: el exterior también es nosotros. Establecemos los contactos para divulgar una idea de lo que somos como nación, sin sentimentalismos políticos: Promovemos el intercambio de ideas y la discusión de ellas, entre ellas. Confiamos en el resultado.
     No pretendemos innovar o renovar a toda costa la idea de construcción dramática o teatral, no nos planteamos refrescar un fenómeno del que formamos una pequeña porción insurgente. Acaso indagar derroteros, caminos, posibilidades señaladas ya, desde la posición en que nos sitúan nuestra condición de iniciadores del siglo (nuevamente se trata de una circunstancia), nuestros referentes e inquietudes. Explorar sobre nociones como participación, comunidad, comunión, evento, suceso, rito, y laboratorio, tomando éste último como base de las indagaciones en su sentido más llano, en su primaria etimología: lo relativo a la labor, al ejercicio constante de una actividad, el teatro y sus quehaceres en general, y particularmente aquellas que se relacionan con la escritura del mismo en cualquiera de sus niveles, y cualquiera que sea su soporte: la palabra, la escena, la acción... la acción... la acción...

Originalmente en: Antología cibernética, Telón de Aquiles, Colectivo de Dramaturgos Mexicanos, Edición de autor, 2003. 

* Colectivo de Dramaturgos mexicanos de existencia efímera: se formó en 2003, teniendo como findadores a Zaría Abreu, Edgar álvarez, Luis Ayhllón, Alfonso Cárcamo, Edgar Chías, Bárbara Colio, Irela de Villers, Luis Enrique Gutiérrez O.M., Jorge Kuri, Beatriz Luna, Antonio Malpica, Javier Malpica, Noé Morales. Verónica Musalem, Carlos Nohpal, Iván Olivares, Carmen Ramos, Michelle Solano, Perla Villa, Alberto Villarreal y Denisse Zúñiga. Editaron un CD-Rom con 42 de sus obras, donde se incluyó su primer y único Manifiesto. Una porción de estos autores se ha reagrupado en torno al portal dramaturgiamexicana.com para continuar con la divulgación del teatro mexicano contemporáneo.