28/10/11

Teatro en la sala de mi casa


Jamás, de Mario Oliver
El pasado 22 de octubre Mario Oliver tomó la sala de mi casa para realizar una cena-función de la obra Jamás, adaptación que parecía imposible a los siete tomos de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. 



Una narración legendaria que se pierde en el detalle, lo más curioso de verla en escena es que la anécdota parece mínima, como un pequeño drama pasional que, no obstante, llevó a su autor  años y años de escritura. 


Oliver y su grupo, comandado en la producción por Alma América, llegaron al mediodía para hacer las adaptaciones técnicas a un espacio no acondicionado para el teatro. De eso se trataba, por supuesto, de darle otro sentido a la experiencia. Pero lo que dijeron que les llevaría 10 minutos, les tomó más de dos horas. 


Mientras tanto, la chef se la pasó cocinando el menú que se había anunciado en facebook casi con un mes de anticipación: 1) ensalada de berros con hojas de harukami, 2) arroz frito con hoja de shizo, arándanos y cacahuate, 3) salmón teriyaki, 4) vino francés, 5) té de tila y madalenas. Sin embargo, también hubo boletos sin cena para quienes sólo querían teatro y una copa de vino. 


Aunque la obra ya había dado funciones en Cuernavaca, María Sandoval y Claudia Silky debutaron esa noche, así que fueron cálidamente aplaudidas. 


La obra empieza muy cuesta arriba, con los libros en mano de los actores, lo que hace al público pensar que será una lectura. Sin embargo, después de unos minutos empieza el verdadero teatro, que alcanza algunos momentos de drama y humor notables. 


Me parece que para gran parte del público fue una experiencia más que una obra teatral. Y por lo que escuchamos, valió el boleto. 


Al final de la función la gente se quedó el tiempo que quiso bebiendo y platicando mientras los actores recogían su utilería. 


Entre los asistentes había amigos y colegas, entre quienes identificamos a Marco Vieyra, acompañado por Clo de la Garza (quien se movió al momento de la foto). 


Lo único que faltó para redondear la noche fue que alguien nos ayudara a lavar los platos. Sin embargo, podemos decir que fue una muy buena velada para probar algo distinto de vez en cuando. Y a pesar de eso, para no crear falsas expectativas, intersados búsquense otra sala porque ésta ya cumplió. ¡Salud!