31/12/25

La obra del CUT (Escena III)


 

1977-79 : La prueba de las promesas 

El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura y la Dirección General de Difusión cultural de la UNAM fueron creadas respectivamente en 1946 y 1947; sus objetivos son divergentes y, sin embargo, durante décadas fue común escuchar que, dado el volumen y la proyección de sus actividades, la dependencia universitaria jugaba el papel de una segunda secretaría de cultura. Verdades más o menos, en 1977 ya se adivina que el nuevo Centro Cultural será uno de los más importantes faros artísticos de la ciudad y del país. Aunque de momento únicamente opera la Sala Nezahualcóyotl, con la mejor acústica de su tiempo para albergar a la Ofunam, los bulldozers y las cuadrillas de albañiles trabajan arduamente en los miles de metros cuadrados sobre los que paulatinamente se levantarán salas de cine y danza, dos teatros, un museo, una librería, una cafetería, el Instituto de Investigaciones Bibliográficas y las oficinas de Difusión, así como los edificios que hospedarán a la Biblioteca y la Hemeroteca Nacionales. Se trata de un conjunto arquitectónico y escultural  que ofrece a los visitantes la posibilidad de un paseo cultural y estético. Ante tal crecimiento y notoriedad resulta natural que la Universidad adecue su organigrama, lo que tiene como primera consecuencia la creación de una instancia superior denominada Coordinación de Extensión Universitaria, que mantendrá una disputa con Difusión Cultural por definir lo que cada una entiende por extensión cultural. En muchos sentidos se trata de una lucha de poder que el nuevo director de Difusión Cultural, el poeta, diplomático y viejo actor de la legua, Hugo Gutiérrez Vega, se encargará de enfrentar en primera instancia, aunque la pugna no concluirá hasta que en 1986 ambas dependencias se fusionen en la rutilante Coordinación General de Difusión Cultural.  

Hugo Gutiérrez Vega: Desde que se creó la Coordinación de Extensión Universitaria su función fue coordinarle, es decir, arruinarle la vida a Difusión Cultural. 

Al momento de aceptar el nuevo cargo, Gutiérrez Vega se desempeña como director de la Casa del Lago, donde impulsa las últimas audacias escénicas de Juan José Gurrola y apadrina la denominada Compañía Teatral de la Casa del Lago, dirigida por Nicolás Núñez y Eduardo Ruiz Saviñón, con quienes él mismo ha tenido apariciones como actor. De su visión particular de la escena proviene la que, a juicio de Héctor Mendoza, es una intromisión que le obliga a presentar su renuncia tanto al Departamento de Teatro como a la dirección del CUT. A juicio de otros, la intromisión de Gutiérrez Vega obedece a un justo y necesario equilibrio:  

Eduardo Ruiz Saviñón: Mendoza manejaba el Departamento de Teatro y con ello todo el presupuesto. Cuando Hugo entró a Difusión Cultural lo mantuvo allí, pero diciéndole que no nomás iban a ser él y sus allegados quienes dirigieran, sino que también iban a dirigir Margules, Gurrola y otros. Entonces como que al principio aguantó vara, pero después ya no. 

Para entonces, hay que decirlo, el CUT ha frenado su continuidad; a pesar de seguir ingresando a nuevas generaciones, en los montajes se sigue trabajando con el mismo núcleo de actores, cosa si no de repasar el elenco de  Vámonos a la guerra (1977), en donde Mendoza echa mano de la mitad de los actores de In Memoriam, algunos de los cuales cumplen cuatro años participando en los montajes profesionales de la Universidad.  

Francisco Álvarez “Panchito”: En realidad nadie terminaba la escuela, la mayoría terminaba un segundo año y ya tenía chamba.  

La prioridad parece estar colocada en la consolidación de una teatralidad, como ya ha puntualizado Tavira, antes que en la incorporación de nuevos cuadros. No debe sorprendernos; el objetivo del CUT de Mendoza siempre fue formar a los ejecutantes de su teatro y así lo puntualizó a sus colaboradores. Una vez que los actores entienden y despliegan su lenguaje, la escuela comienza a estorbar. Lo que sigue es consolidar una compañía, justo el paso que la UNAM comienza a negarle. Para colmo, su último estreno recibe críticas que ninguno de los trabajos anteriores del CUT había merecido: 

Rafael Solana: Ahora le ha dado a Mendoza por enseñar a los alumnos de la cátedra universitaria de teatro no a hablar, que era lo que nos enseñaban (Fernando) Wagner y otros maestros, ni a conocer la historia de la literatura dramática, que eso les mostraba Luisa Josefina Hernández, sino a bailar, cantar, encuerarse y echar maromas, lo que, si no siguen la carrera del teatro, les podrá servir para trabajar en cabarets o filmar comerciales para la televisión; mucho saben los actuales alumnos de teatro de la Universidad, bailan a ritmo, cantan a tono; pero a los de Vámonos a la guerra  a veces se les oye poco, y a veces mal, porque la ortolalia no es ya la base de la enseñanza, sino uno de sus más descuidados artículos… 

Al terminar la temporada de esta obra las actividades teatrales quedan en suspenso, en parte porque en junio estallará la huelga que por veinte días mantiene paralizada a la UNAM, en parte porque en el Departamento se ha hecho un vacío y nadie sabe quién dirige.  

Brun:        En el CUT se hizo el mismo vacío y los maestros Luis de Tavira y José Caballero enfrentaron el problema reestructurándolo y creando dos talleres de formación actoral, dirigidos por cada uno de ellos, aunque conservando las ideas pedagógicas de Mendoza. 

Dispuesto a llenar ambos vacíos, Gutiérrez Vega nombra a Ludwik Margules director del Departamento de Teatro de la UNAM, cargo que incluye la conducción del CUT. Margules ha estado cercano al proceso de fundación del Centro de Capacitación Cinematográfica, abierto apenas en 1975, así que poner a prueba sus propios métodos didácticos en la escuela de teatro constituye un reto alentador, tal como él mismo  reconocerá años después:  

Margules:  Le agradezco mucho (a Gutiérrez Vega) porque me dio la oportunidad de desencadenar una pedagogía que ha dado muy buenos frutos.  

En 1978 Margules abre una nueva convocatoria para primer ingreso, de la cual formarán parte, entre otros, Mónica Koestinger, Álvaro Guerrero, Alfredo Escobar y Guillermo Henry.  Con ellos realiza en San Lucas un ejercicio escénico titulado Pequeñas poesías en prosa.  

Ludwik Margules: Casi en la misma convención de la mesa con público a los lados, o casi diría en la convención de Los Justos[1]…, senté al público de un lado de una gran mesa, y del otro a los actores, a quienes hice decir textos de Kafka intercalados con unos pequeños puentes musicales interpretados con guitarra o flauta de carrizo. 

Guillermo Henry:   El montaje era en la sala de entrada. Nos sentábamos público y actores alrededor de la mesa y, al terminar, los convidados hablaban del experimento teatral. 

Busi Cortés: ¿Cómo olvidar esa puesta en escena en la que nosotros, el público, éramos el espejo de ocho actores sentados frente a una mesa? 

Paralelamente han seguido funcionando los talleres para los alumnos avanzados y egresados que imparten Luis de Tavira, José Caballero y Germán Castillo, aunque de momento sólo el primero los concluye en forma de puesta en escena. Para entonces –hay que decirlo–, las iniciativas importantes no están en el CUT, sino  en el Departamento de Teatro, donde Gutiérrez Vega intenta convencer a Margules de otro propósito: la creación de la Compañía de Repertorio de la Universidad.  

Brun:        Se iría formando con los actores y actrices que con más frecuencia participaban en las obras profesionales de la UNAM; tal vez con la idea de proporcionarles seguridad con un contrato permanente que evitara que emigraran hacia otros ámbitos profesionales mejor remunerados

Mientras los teatros del Centro Cultural Universitario continúan en obra negra, la UNAM renta una casa frente a la plaza de Santa Catarina donde Alejandro Luna había diseñado tiempo atrás un espacio teatral en forma de hexágono. Para reinaugurarlo se anuncia el estreno de Lástima que sea puta, de John Ford, bajo la dirección de Juan José Gurrola, con escenografía e iluminación del propio Luna.

Leñero:     Luna no hizo una escenografía, pero sí trabajó el espacio con pura luz, apoyado por los rojos y los negros de Fiona Alexander. Y hasta colgó como un cirquero a Vera Larrosa, que se veía bellísima ahí, flotando como nube.  

En el teatro universitario aún resuenan los ecos de la emoción que el montaje ha causado en el público. Con un rigor y profundidad que hacen imaginar a un Gurrola comprometido como pocas veces, las transgresoras pasiones del incesto laceran el ánimo colectivo durante las más de tres horas de espectáculo.    

En Casa del Lago, mientras tanto, Nancy Cárdenas lleva a escena Misterio Bufo, primera obra de Darío Fo que se estrena en nuestro país. Las célebres sátiras sociales que el autor italiano realiza a partir de los llamados misterios medievales, se aderezan con la tradición carpera nacional.  

Malkah Rabell:  Por su originalidad y fuerza dramática, el espectáculo merece el desplazamiento (del público) hacia la Casa del Lago, venciendo las dificultades que tanto de noche como en los domingos significa llegar hasta el Lago de Chapultepec. 

A pesar del éxito, esta invitación a Casa del Lago no será viable por mucho tiempo; las reiteradas amenazas lanzadas por el CLETA, que pretende tomar el foro que funciona en los jardines de aquel lugar, provocan que la Universidad cancele la temporada a la espera de una mejor oportunidad para la obra. Después de todo ya se otea en el horizonte la apertura de los nuevos y magníficos teatros del Centro Cultural.  

Como último estreno de la temporada, aunque tal vez haya que ponerlo en primer lugar, Margules asume la dirección inaugural de la denominada Compañía de Repertorio de la UNAM (en el programa se aclara que está “en formación”), con el estreno de Tío Vania, donde Gutiérrez Vega interpreta al profesor Serebriakov.  

Gutiérrez Vega: Margules cuidó los tonos y las inflexiones de las voces, los movimientos y la gestualidad. Confió, por otra parte, en la creatividad de los actores y reafirmó su idea de que los “cómicos” deben ser inteligentes, tener una formación rigurosa y una cultura general amplia y bien dirigida hacia los terrenos de la historia y de la teoría teatrales.  

Lorena Maza: Era un teatro tan exquisito, de una economía gestual y de una contención emocional tan fantástica. Una pieza perfecta. 

Para muchos que la presenciaron, Tío Vania constituye la piedra de toque en la estética marguleana y, junto a los otros montajes que la UNAM estrena en 1978, completa una de las temporadas más recordadas en la historia del Teatro Universitario. La gestión de Margules ha comenzado con el pie derecho.   

Gutiérrez Vega: Su administración se enriqueció con sus conocimientos, sus amables refunfuños y su respeto por la opinión de los otros. En alguna ocasión dio todo su apoyo a una obra que consideraba deplorable, pero que ya había sido aprobada por el Comité de Selección. Todos los señores de la guerra teatral capitalina tuvieron puestas en escena durante su gestión y el presupuesto de Tío Vania fue menor que el de las otras producciones de Difusión Cultural. 

Henry:      Respecto al CUT, teníamos clases de lenguaje cinematográfico e íbamos  juntos a las muestras de cine en la Cineteca; estuvimos en los talleres de Peter Brook cuando trajo Ubú; a Andrezj Wajda lo conocimos personalmente y vimos sus películas con comentarios suyos al final. Ludwik se enteraba de nuestras reuniones y llegaba a tomar whiskey con nosotros. Con él aprendimos que para dedicarnos a esta y cualquier disciplina artística debíamos tener un rigor intelectual supremo y ser impecables en nuestro trabajo actoral.  

Poco más se puede agregar sobre esta breve etapa del Teatro Universitario, que no sea subrayar la perplejidad que produce la súbita e inexplicada renuncia de Margules. Algunos afirman que se debe a una disputa con Juan José Gurrola, el encargado de dirigir la obra que inaugurará el teatro Juan Ruiz de Alarcón; otros simplemente expresan que las tareas administrativas no se le dan al director y maestro, quien, para abonar al misterio, nunca aclara públicamente las razones de su separación.  

Tavira:     Ludwik no era funcionario, por eso a los seis meses aventó el arpa.  

Ruiz Saviñón:  Hugo lo había convencido de ser Jefe del Departamento de Teatro, nomás que Margules dijo que no iba a hacer nada administrativo. Yo casi le manejaba todo el papeleo junto con Susy[2], la secretaria de todos los directores que pasaron por ahí.  

Lo cierto es que al comenzar 1979 las actividades teatrales de la UNAM están nuevamente acéfalas y Gutiérrez Vega echa mano de Ruiz Saviñón como encargado de despacho ante la inminente inauguración de los teatros del Centro Cultural, evento al que están convocados los más altos funcionarios de la Universidad. Las instalaciones ya están a punto, los asesores en maquinaria teatral y acústica han realizado un gran trabajo y sólo falta que esté listo el montaje de apertura del teatro Juan Ruiz de Alarcón: La prueba de las promesas, dirigida por Gurrola. 

Tavira:     De Rectoría le piden a Gutiérrez Vega la fecha del estreno para marcarlo en la agenda del rector, Gutiérrez Vega siente que lo están presionando y les dice una fecha cualquiera.  Inmediatamente se inquieta por ver cómo van los ensayos, pero en los ensayos no hay nada porque Gurrola está jugando –genialmente si se quiere–, pero todavía no hay nada. Cuando Rectoría anuncia la ceremonia de inauguración, Gutiérrez Vega les manda decir que no están listos; entonces de Rectoría le dicen: “no estamos jugando: le preguntamos antes la fecha, que usted nos dio, y ya está todo organizado. Esa es la fecha, no le estamos preguntando”. Lo que pasó después fue, en parte, resultado del desorden y la irresponsabilidad administrativa de Gutiérrez Vega.

Por si faltaran elementos de preocupación, se rumora que Gurrola prepara un irreverente espectáculo y nadie que lo conozca pone en duda su capacidad para lograrlo. Como muestra se cita una anécdota del propio Gutiétrrez Vega, referida a su montaje anterior (Roberte, esta tarde, 1975), que Gurrola estrenó en Casa del Lago durante su administración:

Gutiérrez Vega: La mañana siguiente (al estreno) telefoneó el rector de la UNAM: 

-       Hugo, me dicen que la obra que han puesto es sumamente grosera.  

-       Mire, usted, es moderadamente grosera.  

                   En seguida, mi interlocutor preguntó por el segundo acto donde aparecía Fuensanta Zertuche con poca ropa:  

-       Señor rector, una aclaración, prácticamente sin ropa.  

-       Bueno –continuó el rector– también entra un enanito…

-        En efecto, del Circo Atayde.

-       Vestido de mariscal napoleónico.  

-       Sí.  

-       Pero le abre las piernas a la señora.  

-       Ella las abre sola.  

-       Y en ese momento le pone un anillo en el clítoris.  

-       Así es, señor rector, pero le aseguro que casi nunca le atina…  

                   Y el rector aguantó vara.        

No ocurrirá lo mismo la próxima vez. El día señalado para la solemne inauguración: 26 de febrero de 1979, Gurrola se encargará de cumplir los peores augurios de la burocracia universitaria al pergeñar una libertina puesta en escena que, para delicia de los impíos, cala en el ánimo de quienes mandan en la Universidad.  

Guillermo Sheridan: Una pareja de enamorados se lanza octosílabos de amor entre el balcón y la calle. Una escena enfadosa y prolongada. Gurrola colocó en el escenario a una marchanta echando quesadillas en un comal lleno de aceite. El aroma del maíz hirviendo, y la pequeña sinfonía de la fritura, llenaban la sala. Y entre un octosílabo y otro, el galán se interrumpía para pedirle en voz baja a la señora (rompiendo el metro, el ritmo y todo lo rompible; con ostentoso acento de Peralvillo) “otra de papa” o “una de rajas”. 

Tavira:     Era un juego prodigioso que, por lo que supe y por lo que vi en función, apuntaba a una cosa verdaderamente genial. Pero no se ensayó. 

Leñero:   La obra contaba una historia de amor: dos jóvenes disputándose el amor de una chica, y Gurrola lo convirtió en un relajo, sin aparente ton ni son. Una pareja salía jugando jai alai, algunos muchachos bailaban un ritmo moderno, aparecía una vendedora de quesadillas, un personaje desnudo de la cintura para abajo, tiples con diploma de la UNAM, un conejo gigantesco atravesando el escenario… 

El personaje semidesnnudo no es otro que Óscar Yoldi, quien sin saberlo muestra el culo a la madre del rector Soberón, visiblemente ruborizado a su diestra. A esas alturas de la noche –hay que decir–, la embarcación ya marcha a la deriva luego de un inicio accidentado

Tavira:     Alejandro Luna había convertido en traspunte a una antigua actriz de Mendoza, Matilde Kalfon, que en ese momento no sabía nada, pero luego llegó a ser una muy buena traspunte. El asunto es que en el ensayo general todavía no había libreto y había que incorporar movimientos de tramoya y luces para la ceremonia de inauguración.

Eso incluye ocultar con el paño negro de una pierna a un chimpancé disecado al que se le ha colocado un birrete en la cabeza y un rollo de papel de baño en la mano, su función es aparecer en el prólogo, simbolizando al presunto censor de Juan Ruiz. Alejandro Luna ha pedido que lo oculten para no vender trama de lo que se hará con él.

Tavira:     Entonces se le explica a Matilde que va a ser así: “segunda llamada, sube el rector, dice su discurso, termina, le aplauden, se baja, oscuro. ¿Te quedó claro, Matilde? ¡Oscuro!  En el oscuro, el Jarocho[3] mete la mano por entre las dos partes del telón y quita el trapo para descubrir al changuito; la siguiente es luz 2, Matilde, la del prólogo. Ese es el plan. 

Lo que no se previó fue lo que pasaría después del discurso inaugural del doctor Soberón. 

Tavira:     Se le había improvisado un proscenio para que hablara, y él va y dice unas palabras maravillosas sobre el teatro universitario, entrega a la comunidad el teatro Juan Ruiz de Alarcón y termina; pero él tampoco tenía muchas tablas, así que primero intenta bajar el proscenio –ese  era el pie para el oscuro–, pero los aplausos lo hacen volver a subir. El que estaba en la cabina con Matilde le dice que el rector ya bajó y entonces ella manda el oscuro. El rector, ante el oscuro, se paraliza. Los aplausos se desconciertan y se apagan, dando pie a la luz 2. Para entonces el Jarocho ya movió el trapo que cubría al changuito con birrete y, al entrar la luz, el rector lo mira:

El teatro abarrotado, con mayoría de funcionarios universitarios, no puede evitar la carcajada. El mismo Soberón intenta reir para restarle importancia al incidente pero –según sigue relatando Tavira–, de la primera fila se levanta ipso facto el Coordinador de Humanidades de la UNAM, doctor Jorge Carpizo:

Tavira:     Y grita que eso es un insulto a la Universidad. “Vámonos”, le dice al rector, quien intenta pararlo, pero el otro conmina al público a retirarse: “Esto no se puede tolerar, señor rector, esto es un insulto a usted y a la Universidad”. “No, no, no, calma, calma”, le dice Soberón. 

No logra Soberón impedir que Carpizo y algunos otros abandonen la sala. El rector no tiene de otra que reir y sentarse a contemplar lo que unos consideran una expresión de libertad y otros, una vulgar afrenta. 

Saúl Serrano:  Gurrola monta su versión de La prueba de las promesas dando  así un golpe importante  a quienes pensaban que la sala de teatro iniciaría sus actividades con un tributo a las instituciones, con la gratitud y solemnidad  que el acontecimiento marcaba. Pero ganó la creación, la voluntad rebelde y creativa y Juan Ruiz de Alarcón no dejó de ser importante; pero sí se actualizó para zarandear las conformaciones mentales del costumbrismo. 

Como sea que se interprete, el triunfo del arte dura unos días y la cancelación de la temporada es irrevocable. El suceso, por supuesto, se lleva entre las patas a Gutiérrez Vega, quien presentará su renuncia un mes después.  

Ruiz Saviñón:  El teatro universitario pudo haberla hecho con Hugo; él ya había conseguido que a los actores se les pagara un mes de ensayos antes del estreno, y estaba en vías de hacer la Compañía de Teatro Universitario, como la Ofunam. Esa era la idea de Hugo, pero Gurrola lo traicionó con La prueba de las promesas. Gurrola era mi amigo, pero aún así le menté la madre. El día del estreno, al final de los aplausos, se oyó un grito: “¡Gurrola, chinga a tu madre!”. Era mío.  Me di cuenta de que, después de esa obra, esto iba a valer verga. 

A la mañana siguiente el Centro Cultural Universitario luce portentoso con sus flamantes instalaciones en funcionamiento; un auténtico faro cultural que en el futuro mostrará las mil rutas del arte. Sin embargo, en el interior del Juan Ruiz de Alarcón se aprecian los estragos de una tormenta nocturna. La escenografía de ese Titanic que fue La prueba de las promesas acabará en el fondo del mar a pocos días de su inauguración, arrastrando en su naufragio a varios funcionarios.    




[1] Los Justos (2002), de Albert Camus, una de las últimas puestas en escena de Margules. 

[2] Susana Mata, secretaria de las diversas jefaturas de Teatro de la UNAM entre 1975 y 1999. 

[3] NOMBRE, Técnico del teatro Juan Ruiz de Alarcón. 

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