31/12/25

La obra del CUT (Escena IX)

 

2004-2008: Centro de alto rendimiento 

  

Como una muestra de la polarización que marcará la próxima contienda presidencial, muy temprano en el 2004 se destapan los llamados videoescándalos que pretenden dar cuenta de la corrupción entre el círculo cercano al jefe de gobierno del Distrito Federal y favorito en las encuestas, Andrés Manuel López Obrador. Por su parte, diputados de oposición bautizan al país como Foxilandia luego de que el presidente Vicente Fox rinda un irreal informe sobre el estado de la nación. Esto es apenas el principio; a lo largo de este año y del siguiente seremos testigos del juicio de desafuero que pretende descarrillar la candidatura de López Obrador; el país se divide entre quienes apoyan la inhabilitación y quienes ya consideran a su líder un perseguido político. En el mar de especulaciones, incluso el actual rector de la UNAM comienza a barajarse como un posible candidato alterno a la presidencia gracias al consenso que despierta desde su liderazgo universitario. Muy lejos de este supuesto se encuentra el Dr. Juan Ramón de la Fuente al iniciar un segundo periodo y anunciar nuevas incorporaciones a su equipo de trabajo, entre ellas la de Gerardo Estrada en la Coordinación de Difusión Cultural, a la que vuelve 24 años después. Como parte del procedimiento habitual de nombramientos, el doctor Estrada entrevista a los titulares de las dependencias del subsector y allí se entera, en voz del titular de Teatro UNAM, que el CUT requiere un nuevo director.  

Crestani:  Cuando yo hablo con Gerardo Estrada le digo: “Doctor, no sé si ustedes ya tengan pensado algún candidato para el CUT. Se va el maestro Enríquez a Mérida –lo sé de viva voz–, y si ustedes no tienen algún candidato, me gustaría que me tomaran en cuenta porque es mi escuela y porque creo que le podría aportar”. A Gerardo Estrada le sorprendió mucho, tanto que me dijo: “Antonio, el rector me pide que continúes al frente de la Dirección de Teatro”. Pero yo insisto: “Es que el CUT es mi escuela, mi alma mater dentro del alma mater que significa la Universidad, y es un proyecto que en los últimos 17 años he seguido muy de cerca y no quisiera que se desfigurara. Me gustaría consolidar lo que se empezó a hacer”. Estrada no salía de su asombro: “se me hace muy raro”, y me lo dijo dos veces: “la gente lo va a ver como un retroceso, cuando la idea era que te mantuvieras”. Aún así yo le digo: “eso no me importa”. Y con ese sacrificio entré al CUT porque, efectivamente, en ese momento el director del CUT tenía una jerarquía inferior a la del director de Teatro UNAM. 

Es cierto que a pesar de su juventud (al momento de asumir el cargo no ha cumplido 40 años) Crestani se ha mantenido por casi dos décadas vinculado al Centro, para el que ha desempeñado distintos roles.  

Crestani:  Fueron cuatro maneras de estar en el CUT: como estudiante, maestro, secretario académico y como miembro del Consejo Asesor, de 1998 al 2004, todo eso antes de asumir como director.  

Estudiante de Ingeniaría industrial por la Universidad Anahuac (1984-87) y sin antecedentes o relaciones en el campo del arte, Crestani recibe un súbito llamado de la vocación cuando ya cursaba el séptimo semestre de su carrera:  

Crestani:  Fue asistir a ver el Jesucristo Gómez de Vicente Leñero dirigida por el maestro Retes a quien muchos años después me tocó conocer; la obra estaba constituida con un reparto totalmente universitario, muchachos veinteañeros casi todos, en el máximo recinto teatral que tiene la Universidad: el Juan Ruiz de Alarcón.   

Tan fuerte resulta la impresión que allí mismo decide visitar las instalaciones del CUT, a unos metros del teatro, para preguntar sobre los requisitos de ingreso; sin embargo, lo que encuentra en agosto de 1987 es una escuela en paro.  

Crestani:  Yo quería conocer la escuela, observar cómo era, pero como estaba en huelga, pregunté si se podría entrar a ver y me dicen: “mira, pásate por atrás”, por lo que era el acceso trasero del foro, y quien me abrió el portón fue Arcelia Ramírez, que iba en primer año; fue ella quien me dio el tour por el CUT, que solamente tenía un piso y como tres salones, porque no había mucho más. 

Resuelto el conflicto que tuvo la escuela cerrada por un mes, Crestani ingresa como alumno, aunque, como él mismo lo ha dicho en una escena anterior, la inestabilidad marcará al Centro por casi dos años.  

 Crestani:  Acababa de renunciar José Caballero y el CUT no tuvo director por un buen rato, en lo que se nombró a Raúl Quintanilla. Pero Quintanilla permanece sólo un año y nos volvemos a quedar sin director por un tiempo…, Hasta que el maestro Raúl Zermeño aceptó volvimos a tener director. 

Con Zermeño vuelve de alguna forma la estabilidad al centro, aunque su gestión no haya estado exenta de conflictos, de los que Crestani será afectado directo al volver como secretario académico en 1997.  

Crestani:  Cuando le ofrecieron a José Ramón Enríquez la dirección del CUT, él puso una condición, dijo: “sí, siempre y cuando Antonio Crestani se vaya conmigo de segundo”. Fue esa solicitud la que posibilitó que yo pasara al CUT como Secretario Académico. ¿A qué? Yo creo que a terminar con una época de crispación con la que nos encontramos en el CUT, muy fuerte, a tal grado que la oficina que yo iba a ocupar en la Secretaría Académica no tenía computadora. Se habían llevado los archivos, todos los archivos.  

Por sus propias experiencias como alumno y funcionario, resulta creíble la motivación esgrimida años después para asumir la dirección del centro:  

Crestani: Me interesaba terminar con lo que yo viví como alumno, con esa incertidumbre de tener dos periodos muy grandes sin un director. Por eso digo ¡basta, vamos a diseñar y a poner en práctica el CUT que a mí me hubiera gustado vivir como alumno! Tengo la idea, el entusiasmo, las ganas, la necesidad, la visión de poder darle una estructura y un orden mucho más definido a una escuela de alto rendimiento, como estaba clasificado este centro de extensión académica. 

Si la idea es poner orden, eso es lo que hace Crestani desde el primer día, comenzando con el calendario escolar que se mantenía desfasado respecto al de la UNAM. 

Crestani: Así estaba desde el final de la huelga del 99. Hicimos un esfuerzo que duró prácticamente dos años para que los calendarios del CUT corrieran de una manera vertiginosa de tal forma que, al quinto semestre desde que yo había entrado, se pudieran empatar el calendario académico del CUT con el de la UNAM. Hasta a eso había que ponerle orden.  

Como parte del mismo proceso analiza la situación laboral de los maestros, que no cuentan con plazas de ningún tipo, como debía ocurrir con cualquier trabajador universitario.  

Crestani: Había que darle una estructura a la planta académica que siempre había tenido una contratación por honorarios y que no tenía ningún tipo de reconocimiento. Por lo pronto, a los 40 profesores les conseguimos la cobertura de gastos médicos mayores que daba la universidad, así como otros privilegios que tienen los académicos de la UNAM.  

Una situación similar viven los alumnos que, al estar registrados en un centro de extensión, no gozan del reconocimiento y las prestaciones del resto de los universitarios.  

Crestani: También a los alumnos se les pudo conseguir matrícula; por primera vez tuvieron credencial de la UNAM con número de matrícula. Con eso podían alcanzar los beneficios de cualquier alumno, desde el uso de la alberca hasta de los sistemas médicos en Medicina del Deporte, que les concedió revisiones periódicas y tratamientos especiales.   

A la par que se gestionan beneficios a la comunidad del CUT se trabaja en un reglamento que determine con toda claridad los procedimientos de ingreso y evaluación, así como normas de conducta.  

Crestani: En este reglamento interno consolidamos procedimientos que, al ser un centro de extensión, habían permitido una gran discrecionalidad: el control de los procesos de ingreso, de permanencia y de egreso. Adicional a eso, se trabajó lo relativo al respeto interinstitucional entre maestros y alumnos, porque también el CUT ha tenido muchas historias donde maestros que no tendrían por qué, hacían ejercicios en donde desnudaban a los alumnos. Eso también se normó. Muy específicamente se dijo: “quienes en un momento dado, si su criterio lo determina, pueden hacer un ejercicio que culmine en desnudo del actor, serán exclusivamente los maestros de actuación; pero si resulta que un maestro de una clase teórica o de canto o de educación física hace un ejercicio de esos y hay una queja”, fui muy tajante, “no esperen que la dirección ni la universidad como institución vayan a responder por ustedes ante una queja de derechos humanos o del tribunal universitario”. 

El apretón de tuercas termina, por supuesto, en los alumnos, a quienes se les exige un compromiso absoluto.  

Crestani:  Nosotros hicimos las cuentas y cada alumno le costaba a la UNAM, por cuatro años, alrededor de un millón de pesos; en proporción había un maestro por cada dos alumnos, ¿qué más necesitas? (…). Yo como alumno, y ahí están los papeles, terminé con un promedio de 9.7 y cero faltas en cuatro años. No me creo Supermán en lo absoluto, así que me parece que lo que se diseñó es lo que se esperaría de un alumno que ingresa a una escuela de excelencia artística 

Resulta ilustrativa la forma en que Crestani se distancia, en los hechos, del espíritu ácrata de su antecesor y en cambio se ocupa de reglamentar cada proceso, incluidos los requisitos de permanencia.   

Crestani:  Con estos lineamientos buscábamos abatir la discrecionalidad, dejar las reglas claras. Incluso me tocó dar de baja a un chico, que yo consideraba con un inmenso talento, al salir con 7.90 de promedio (el mínimo era 8). Me llamaron del tribunal universitario, porque él fue a pelear que pudiera seguir, y el tribunal nos dio la razón porque eso era lo que decían las reglas. 

Si en lo administrativo se han colocado cimientos firmes, aprovechamos la metáfora para, en una breve elipsis temporal, señalar 2005 y la apertura del edificio anexo como la culminación de un auténtico proceso de reingeniería. 

Crestani:  José Ramón empezó las gestiones e inició el proyecto, que me tocó a mí inaugurar. Lo simpático es que cuando yo llego como director pido los planos de lo que yo pensaba que era el nuevo teatro, la Caja Negra, y a los ingenieros y los arquitectos los cuestioné: “¿Y dónde está toda la mecánica, dónde están los contactos, dónde los ductos? Aquí sólo hay para luz de trabajo”. “Pues es que es un salón de clase”. Les digo: “No. Esto es un teatro”. Y me encontré con que se había diseñado un salón de clase. Se trabajó entonces con la Dirección General de Obras para conseguir los presupuestos y transformar un salón de clase grandote en una caja negra, porque no estaba considerada la cabina ni la parrilla que ahora tiene… De hecho, si no hay camerinos es porque nunca estuvieron considerados.  

Venciendo obstáculos económicos y administrativos se ha duplicado la infraestructura del CUT, que ahora cuenta con dos teatros acondicionados para dar función y otros espacios que el Anuario de ese año describe con mayor detalle:  

El Edificio Anexo contiene un foro experimental con tecnología de nueva generación al que se nombró “La Caja Negra”, una biblioteca especializada con sala de lectura y cómputo, un salón de ensayos, un salón de teoría, una explanada interior para teatro al aire libre y servicios sanitarios; todos estos espacios fueron equipados con nuevo mobiliario y los equipos adecuados de iluminación, sonorización y demás elementos de apoyo necesarios para la docencia.  

Los beneficiarios directos serán 60 alumnos.  

Crestani: Es una infraestructura para estudiantes de alto rendimiento, que van a estar en su escuela de 12 a 14 horas en promedio. 

En forma indirecta –podríamos agregar–, los beneficiados serán los espectadores del teatro universitario que disfrutarán del trabajo de actores preparados a conciencia y con el mayor rigor.

Crestani: Está claro que había que fortalecer la figura del centro de extensión que, en su momento, incluso con Juan Ramón de la Fuente, vimos que era la forma idónea para el CUT.  

Las acciones tomadas gozan de gran consenso en tanto son claras en sus objetivos y cuentan con respaldo institucional. No es que la aceptación sea unánime ni que estén ausentes las críticas, incluso de maestros que estuvieron cercanos al proyecto de Enríquez, pero ningún problema doméstico parece influir en el funcionamiento de la escuela.  

Lo relevante, en este punto, será entender la perspectiva pedagógica que se lleva a la práctica, aquello que Fediuk llama el Proyecto Actor. En ese terreno es donde más interrogantes surgen sobre la impronta que Crestani –quien no es maestro de actuación–, imprimirá al centro. Si nos detenemos en esta coyuntura observaremos que el postulado mendocino se ha diluido, el del actor de la puesta en escena, pero por oro lado también resulta imposible continuar con las directrices y con la poética particular e intransferible de Enríquez, de tal suerte que el CUT tiene que cuestionarse y reorientarse pedagógicamente. 

Crestani: Lo que a mí me tocó proponer, ya como director, fue el estudio en primer año de la Comedia del Arte, a partir del Manual mínimo del actor de Darío Fo. La idea era permitirle al actor salirse de las formas que un estudiante recién llegado normalmente conocía, que son las de la televisión, e irse a otro tipo de expresión; luego contenerse con el realismo norteamericano del segundo año y ya entrar en la profundidad de su lenguaje en el tercer año, con Siglo de Oro. 

Del acercamiento a Fo y la creación de tipos cómicos surge Operación Amén, puesta por el actor Jesús Ochoa con los alumnos de la generación 2002-2006, entre ellos Adrián Aguirre, Paulo Sergio Galindo, Israel Islas, Octavio Michel y Dayana Tellerías.  

Arturo García Hernández: Desfilan por el escenario un conjunto de personajes contrahechos, grotescos, que parecen extraídos de una cinta de Federico Fellini: un delincuente con músculos sintéticos y acento de barrio bravo de la ciudad de México; un jefe policiaco con los hombros por encima de la cabeza que habla como Tin Tán; un "cirujano médico sin fronteras" de origen chino que camina sobre ruedas; un espía disfrazado de burro de planchar; la esposa y la amante del delincuente, una abnegada y "malcogida", y la otra "indecente" e interesada; dos oficiales de policías tan ineptos que parecen verdaderos… 

Sergio Paulo Galindo:  Jesús Ochoa, un actor sin experiencia de director, alejado sin duda de la pedagogía teatral, llegó a romper la burbuja que se crea en una escuela de actuación. Sus demandas y exigencias eran mucho más parecidas al mundo profesional del actor. Mis compañeros y yo pudimos darnos cuenta de los hábitos que le restaban limpieza y precisión a nuestro trabajo.  

Si observamos el catálogo de obras desarrolladas durante la dirección de Crestani, Operación Amén podría constituirse en paradigma de la forma de teatralidad que se promueve explícitamente.  

Crestani: Queremos derribar esa cuarta pared, que en el teatro realista es una condición, para involucrar al público como parte del espectáculo. 

Sergio Paulo Galindo:        Hay    que     decir   que     desde hace    algunas generaciones veníamos trabajando Comedia del Arte en segundo año con Clarissa Malheiros. En ese estilo montamos  “Muerte Accidental de un Anarkista”, del propio Fo, con Miguel Ángel Canto como director, que ganó el Festival Universitario de Teatro en 2004. 

Lo cierto es que, más allá del postulado, existen pocas evidencias de una exploración continua de esa técnica en los montajes; todo lo contrario, las puestas en escena anuales abordan formas y estilos diversos y muestran una preocupación por abrir a nuevas experiencias. 

Crestani: Quise recobrar una poética propia del CUT. Durante los cuatro años invité a dirigir a egresados relevantes de distintas generaciones. Se estaba terminando la época de los grandes maestros, de los que han llamado “Las vacas sagradas”. 

Efectivamente, todos los directores invitados han pasado por las aulas del Centro en muy distintas generaciones: Miguel Flores (del CUT de Azar); José Caballero (del de Mendoza); Mario Espinosa y David Olguín (de Margules); Alberto Lomnitz (con Margules y Caballero) y Mauricio García Lozano (de Zermeño), lo que de entrada avizora identidad y contraste.  

Harmony:  Olguín acaba de presentar, con actores profesionales, a un Casanova viejo y decadente, en las vísperas de su muerte, en Casanova o la humillación, de la que me ocupé en su momento, y ahora escribe un divertimento con las aventuras del joven Casanova en Casanova o la fugacidad. A pesar del enorme contraste de tono entre ambas obras, persiste la unidad temática entre lo perdurable en los escritos y lo fugaz de cualquier lance, amoroso o no. 

¿A dónde vas, Jeremías?, de Philippe Minyana, en dirección de Alberto Lomnitz es otro de los trabajos que problematizan la vocación de los actores.  

Vicky Araico Para mi ¿A dónde vas Jeremías?, se convirtió en un “¿A dónde vas Vicky? ¿Qué quieres Vicky? ¿De qué quieres hablar, Vicky?”… La personalidad de Alberto Lomnitz inundó todo el proceso; con la delicadeza de quien toma un objeto frágil y muy especial, escudriñó ese texto y nos guió para entenderlo, hacerlo propio y dotarlo de sentido y fuerza. Esa obra me llevó a conectar a un nivel profundo con los cuestionamientos filosóficos que plantea Phillipe Minyana: la idea de Dios, la Vida, la Muerte, la Guerra, la Ambición del hombre, la fragilidad y lo terrible y hermoso de la Humanidad.  La sensación de ser parte de una puesta en escena en la que -a mi parecer-, se tocaban temas importantes y relevantes, le daba sentido a mi elección de ser actriz. 

Lo que sigue marcando una constante en la selección de obras es su acento literario, es decir que se otorga gran peso a la palabra hablada.  

Crestani:  Dentro del análisis que hicimos con José Ramón, decíamos: “Venimos de un teatro donde la figura del director de escena pesa mucho, y se está transformando (a finales de los Ochenta y principios de los Noventa) a un teatro que empieza a apoyarse cada vez más en la palabra, un teatro que tiene que regresar a lo que originalmente fue: el actor con la voz. Desde mediados de los Noventa empezábamos a tener estas pláticas con José Ramón y algunas personas como Esther Seligson y José de Santiago, que decidimos dirigir hacia allá el rumbo del CUT. Esto es lo que sí nos permite la organización del Centro de Extensión: poder decir: tengo una generación con ciertas fortalezas, vamos a estimularlas; o tiene ciertas carencias, vamos a equilibrarlas. 

Representativo de esta orientación es el examen Hay mucho de Penélope en Ulises, obra comisionada al poeta Vicente Quirarte.  

Crestani: Habla de un movimiento que inspiró al teatro de la Universidad, por un escritor que ha incursionado en el teatro pero no es propiamente dramaturgo, con otro destacado egresado que es Mario Espinosa. 

Harmony: Con el apoyo de la excelente actriz y reconocida maestra Angelina Peláez, Mario Espinosa logra un buen trabajo con los actores incipientes (Jessica Cortés, Edurne Ferrer, Patricia Madrid, Catarina Mesinas, Raúl Morquecho, Yolanda Navarrete, Luis Javier Oliván y Glenda Tejeda) y muestra toda su mano de director en un trazo que ofrece los ensayos de la obra de Vidrac desde diferentes perspectivas, con la aplicación de los viejos y nuevos métodos de actuación, y en detalles como resolver el travestismo de alguna actriz que interpreta a un hombre mediante el juego de un maniquí de percha.  

En otro sentido, por la posibilidad de hilvanar un entramado complejo de situaciones gracias a la versatilidad del cuadro actoral, Obra negra es otro montaje que marca pautas en las exploraciones escénicas del CUT: 

Harmony: Correspondió a Flavio González Mello escribir un texto pleno de misterios y posibilidades acerca de una catástrofe ocurrida en un edificio de los llamados ''inteligentes'', catástrofe que va siendo atribuida a causas cada vez más disparatadas, mientras los tiempos y los espacios se contaminan, se sube abajo y se baja arriba, sin salida, con amores y desprecios, con un cuadro negro tras el que se ve un bello paisaje, con personajes y situaciones hilarantes. Los jóvenes actores son Vicky Araico, Denise Castillo, Paula Comadurán, Estela Crail, Jorge Luna, Luis Maya, Alaciel Molas, André Magali Ortega, Sofía Padilla, Isaac Ramírez, Harold Torres y como actor invitado Octavio Michel. El diseño sonoro es de Raúl Zambrano y la iluminación de Francisco Álvarez. 

Para corroborar con dolor que estamos ante un irreversible cambio generacional y estético, el 7 de marzo de 2006 muere Ludwik Margules, uno de los fundadores conceptuales del CUT, a quien se rinde homenaje.  

Crestani: Hicimos una ceremonia y su familia donó todas sus pipas; la gente agarró de recuerdo alguna de ellas. Incluso nos donaron para la biblioteca su acervo teatral, se le denominó “acervo Ludwik Margules”, que debe estar todavía en la biblioteca del CUT[1].

El 18 de junio de 2007, al cumplirse 45 años de su fundación, el Centro convoca a todas las generaciones que lo han conformado al convivio que tendrá lugar en sus propias instalaciones; de allí se desprenderá una emblemática foto que diez años después aún alegra la vista del vestíbulo principal.  

Carlos Paul Hubo comida y bailongo, con la asistencia de alumnos y exdirectores. Asimismo, se anunció que se constituirá la Asociación de exalumnos y posteriormente se realizará un ciclo de conferencias magistrales y diversas mesas de reflexión sobre el futuro del teatro en México.  

No pueden faltar los discursos, entre ellos el del coordinador general de Difusión Cultural: 

Gerardo Estrada     Esta conmemoración es motivo de orgullo para esta casa de estudios. Desde su fundación, el CUT se ha distinguido por el trabajo experimental y de vanguardia, orientado siempre por la cátedra de los mejores directores de teatro en México. Nos enorgullece también corroborar el desarrollo en infraestructura que ha tenido el centro en los últimos años.   

Como corolario de los festejos, los informes anuales hacen un recuento de los vínculos que el CUT ha desarrollado con numerosas instituciones, entre las que se cuentan el Instituto Nacional de Bellas Artes, Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, la Escuela Nacional de Arte Teatral, la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal, el Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli, Casa del Teatro, el Centro de Formación Actoral de tv Azteca, Museo Anahuacalli Diego Rivera, Universidad Autónoma de Baja California, Universidad Autónoma del Carmen de Campeche, Escuela Superior de Artes de Yucatán, la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, la Universidad Hebrea de Jerusalén, el Festival del Siglo de Oro de El Chamizal en Texas, The London Academy of Music and Dramatic Art del Reino Unido, la Universidad de Nueva York y el New York Theatre Work Shop. Este es apenas el comienzo de la interlocución extra muros que el CUT desarrollará en la década siguiente.   

A pesar de no invocar una filosofía pedagógica que problematice o enriquezca los aparatos conceptuales de sus predecesores, el CUT de Crestani cierra el cuatrienio con cuentas muy positivas, según se reconoce al interior y exterior de la Universidad.  

Crestani: El espíritu con el que nació el CUT, por lo menos de la época de Mendoza hasta 2008, fue la excelencia artística de los alumnos. Me preocupé porque el 98% de lo que se les enseñara fuera totalmente posible llevarlo a la práctica, implementarse en la escena, y porque el 100% de la planta académica fueran profesores en activo en el teatro.

Todavía se puede agregar algo más al respecto de una visión del teatro inoculada desde la escuela: 

Crestani: Vuelvo al maestro Ignacio Retes y a la placa que está aquí en los jardines del CUT, debajo de esta jacaranda alegre y colorida como era el maestro Retes; esa placa dice: “hombre de teatro” y me parece que es lo que fundamentalmente busca el CUT, formar hombres de teatro. Algunos tendrán un gusto mayor para la dirección, otros para la actuación, otros para la producción, la docencia, la escritura, en fin; creo que el CUT abre puertas y eso es lo que, en mi experiencia personal como docente y director, me ha quedado muy claro a lo largo de estos años. 

En el actual periodo se han incorporado profesores a la planta académica, algunos de ellos recién egresados como José María Mantilla, Octavio Michel o Israel Islas, mientras que otros maestros se han consolidado como una influencia determinante. 

Vicky Araico: Siempre parto de mí para crear y eso es algo que aprendí en las aulas del CUT.  Fue Clarissa Malheiros, formada en la escuela de Jacques Lecoq, la que nos lanzó los retos para conectar con nuestros propios universos, con nuestras historias. Clarissa nos proponía crear lo que soñábamos, de la forma en que lo imaginábamos, con rigor, claridad, precisión y fuerza.  

Raúl Briones: Cuando pienso en la escuela que me formó como actor me es inevitable pensar en Toño Crestani, quien además de ser director del CUT, era el maestro titular de primer año, él fue quien supo encausar la fe que yo traía. Yo venía de un grupo de teatro en Tlaxcala, el grupo Tlaloque, dirigido por Gloria Miravete que también fue alumna del CUT hace muchos años, y quien me dijo que el CUT era la escuela a la que yo tenia que ir. Yo en ese momento no tenia ni idea de ninguna otra escuela, no tenia idea de nada realmente, llevaba tres años haciendo teatro en San Cosme Chalostoc, en un teatro muy amateur. En cuanto entré al CUT, Crestani puso los cimientos de mi formación, los mitos fundacionales de mi teatralidad se gestaron en esos primeros encuentros con Toño, un apasionado del teatro que me lo transmitió con todas sus letras. 

Como puede apreciarse, en términos de infraestructura, apoyo y rigor académico sólo se desprenden buenas noticias del periodo.  Sin embargo, el duende teatral ha de aparecer una vez más para romper el libreto y cambiar el final de esta escena: todo a raíz del proceso de sucesión en la rectoría, que finalmente favorecerá el doctor José Narro Robles.  

Cazés:       Junto a la lista de asistencia que los maestros firmábamos al llegar, la dirección del CUT había dispuesto una lista adicional, destinada a recabar firmas a favor de la candidatura del doctor Fernando Serrano Migallón. 

Crestani:  Es verdad que estuve muy activo apoyando a Serrano Migallón como candidato a la Rectoría. Estoy convencido de que le hubiera hecho un gran bien por lo menos a Difusión Cultural. Me supongo que eso debió haber influido para que no se me tomara en cuenta para proseguir como director. Aunque para ser honesto: yo siento que ya había concluido lo que tenía que hacer en el CUT.  

Efectivamente no es el futuro de Crestani como director lo que constituye la peripecia (cualquiera que conozca los mecanismos del mando sabe que las renuncias están presupuestadas), lo que toma a todos desprevenidos es lo que ocurrirá a continuación:  

Crestani: Se cruzó esta otra posibilidad de que invitaran a la maestra Mónica Raya para dirigir el CUT, pero la comunidad se organizó, ahí fueron no sólo los alumnos, sino los egresados, que vieron que llegaría una figura que no conocía la escuela. 

Como si la pequeña fricción encendiera una chispa, las reacciones se propagan rápidamente, urgiendo un posicionamiento: 

Cazés:       Se organizó una magna reunión en el foro con alumnos, fundadores, maestros (todos, exceptuándome) y autoridades del teatro mexicano, con el fin de organizarse para rechazar la supuesta imposición de Mónica Raya. 

El asunto salta a los medios impresos y electrónicos a través de voces influyentes. 

Luz Emilia Aguilar Zínzer: El rumor ante lo que sería un desastroso nombramiento capaz de levantar más que una tolvanera, se atiza con el hecho de que la comunidad del CUT, incluido su Consejo Asesor —formado por varios de sus exdirectores y destacados maestros— no ha sido consultado sobre la conveniencia de un relevo, ni sobre los posibles aspirantes a dirigirlo. Lo anterior me lo acaban de confirmar dos de sus miembros: Luis de Tavira y Esther Seligson. Alumnos y maestros coinciden en que el nombramiento sería una enorme afrenta. 

Lo insólito de la tolvanera es que se ha levantado sin existir confirmación de alguna fuente oficial, tanto así que la propia Aguilar Zínzer terminará por matizar los dichos.  

 Aguilar Zínzer:  Lo más probable es que el rumor sea sólo una fantasía, una anécdota más de la picaresca y estemos lejos de ver en este medular centro de saber y de crítica, síntomas de que sobrevivan las prácticas cortesanas y se desestima por completo, a la hora de nombramientos clave, lo que valora y a lo que aspiran la comunidad universitaria y el resto de la sociedad. 

Tavira:     No fue un rumor. Yo hablé con Mónica antes de que la nombraran porque Narro le dijo “habla con Tavira porque no quisiera anunciar nada antes de checar si vas a tener oposición”. Ella me invita a comer un día y platicamos muy bien de su gestión en Teatro UNAM y no sé cuántos temas más, hasta que de pronto me la suelta: “¿cómo me verías a mí en el CUT?” A mí se me atoró el trago en la garganta: “¿y tú qué harías en el CUT?”, le digo; entonces me cuenta de sus experiencias en las universidades gringas, que nada tienen que ver con una escuela de actuación, y yo le digo: “si me preguntas mi opinión yo creo que deberías seguir en la Dirección de Teatro y no te metas en el CUT”. Tuve la oportunidad de decírselo antes de que lo anunciaran, y sin embargo acabamos en muy buenos términos. Acto seguido viene la decisión de Narro, presionado por Juan Ramón de la Fuente (quien apoya a Raya) y teniendo como antecedente la campaña descarada de Crestani por Serrano, que era el otro candidato a la rectoría

La situación pone en evidencia, en primer lugar, que el proceso de reglamentación y transparencia del CUT no ha terminado.  

Rodolfo Obregón:  Cuando comenzó a calentarse el ambiente contando historias de que venía Mónica Raya, yo les pregunté a los alumnos dónde habían escuchado eso y decían: “es que en el Consejo Asesor se dijo que si viene ella va a ser el final del CUT”. 

Sara Pinet: Me acuerdo de haber escuchado el rumor en pasillos. Recuerdo haber preguntado “¿Y por qué no la queremos?”. Recuerdo que juntaron a toda la escuela en el Foro y ahí algunos de nuestros directivos y algunas vacas sagradas nos dijeron que teníamos que defender la escuela, que no podíamos dejar que ella entrara, que si era necesario hiciéramos una cadena humana.  Confieso que no entendía mucho en ese momento, pero si te dicen que hay que defender tu escuela, la defiendes.  

Luisa Huertas: El CUT es una comunidad unida; cuando ha habido problemas la comunidad ha acudido. Andemos donde andemos, andemos filmando, en cualquier parte del mundo haciendo teatro, quien sabe como le hacemos, con señales de humo o como sea, pero nos enteramos de los problemas, acordamos y defendemos nuestro espacio, nuestro quehacer, nuestra mística.  

Obregón    Es impresionante que el CUT no tenga un reglamento donde se sepa por qué el Consejo Asesor lo conforman unos y no otros, quién los nombra, quién los remueve, y el propio proceso de director, por eso en vez de grillar contra Mónica Raya, que el Consejo esclarezca el proceso y que haya proyectos de dirección de la escuela para elegir a partir del análisis de un proyecto y no de la grilla. 

Como los días pasan y Sealtiel Alatriste, nuevo coordinador de Difusión Cultural, se niega a pronunciarse, un grupo que firma como Egresados del CUT y miembros de la comunidad teatraldirige una carta abierta al rector Narro en la que expresa su “profundo desacuerdo con el hecho de que sea designado como Director del CUT cualquier persona ajena a la trayectoria e incuestionable tradición que sustentan los 45 años de formación de artistas conscientes y comprometidos con su entorno político, social y artístico”.[2]  

Pese al desplegado, se asegura que el nombramiento ya se ha hecho oficial (aunque no público) en una reunión en el Centro Cultural Tlatelolco. Sin embargo, la contraparte de esta historia, la escenógrafa, maestra y funcionaria cultural Mónica Raya, se niega expresamente a dar crédito a algo que no sucedió, a una “no nota”, como la bautiza. Como quiera que sea, los miembros del Consejo asesor del CUT solicitan una reunión urgente al coordinador de Difusión Cultural, pero a ella tienen que llegar con una propuesta firme. 

Tavira:     A Toño (Crestani) le dije: tú no puedes defender la oposición a Mónica para defender tu permanencia, tú apostaste por Serrano y no puedes levantar el movimiento de resistencia del CUT escondiendo la posibilidad de que tú sigas. Si alguna legitimidad tiene esta batalla depende de que tú declares que no vas a seguir en el CUT porque es lo único que nos puede dar autoridad.

En un reconocimiento tácito del desaseo en el nombramiento, Sealtiel Alatriste pide a los miembros del consejo asesor una propuesta alternativa para presentársela al rector. 

Tavira:     “Necesitamos un candidato de oro”, nos dice, “un candidato pesadísimo porque el rector esta ofendidísimo con este escándalo y, además, está atrás la indignación de Juan Ramón (de la Fuente)”. 

A pesar de la tolvanera levantada, el polvo se disipará por si mismo cuando, a los pocos días, Mario Espinosa sea designado nuevo director del CUT, anuncio que desactiva el impulso de nuevas movilizaciones.   

Enríquez Luego de atravesar por momentos de justa indignación que merecerían una reflexión aparte, y que de ninguna manera se merecía la comunidad del Centro Universitario de Teatro de la UNAM, ha llegado la calma y el futuro se torna promisorio.  

Crestani:  No llegó a toma del CUT porque el rector fue sensible y revisó la decisión que había formulado; y fue tan buena esta revisión que el titular designado en el 2008, aún continúa al frente del CUT más de diez años después.  

En el caso del ahora ex director, es verdad que apostar por un candidato perdedor a la Rectoría lo ha dejado fuera de la administración universitaria en la que se mantuvo 15 años, pero la caída tiene un curioso rebote, a juzgar por lo que le depara el futuro inmediato.  

Crestani: Yo salí del CUT el 22 de febrero del 2008. El 23 me llamó Álvaro Hegewisch (secretario técnico de Conaculta) para invitarme a tomar la dirección del Centro Cultural Helénico porque se retiraba su director, Luis Mario Moncada. 




[1] El Fondo documental Ludwik Margules se encuentra en el Citru. 

[2]  Carta abierta al rector Dr. José Narro Robles, Archivo CUT.  

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