2/8/12

Más allá del 2012 en la educación, el arte y la cultura


por Patricia Cardona
(articulista invitada)

“Pareciera que todo se desploma cuando en realidad el mundo se está recreando a sí mismo” han dicho los indios Hopi. Una Tertulia auspiciada por la Secretaría de Cultura del DF alrededor de este tema nos ha reunido a varios amigos y colegas. ¿Cómo recrear el mundo, la sociedad, las instituciones que la conforman cuando se acabaron los espacios para los jóvenes, se acabó el sistema educativo que una vez los preparó y sólo queda la marginación y el desempleo para una población desplazada?
     Omar Chanona, pedagogo, lo dijo muy claramente aquella tarde en la terraza del Museo del Estanquillo cuando denunció que la educación sigue “encerrada en aulas escolares, depositada en el maestro, limitada a contenidos cerrados, sin posibilidad de construir nuevas atmósferas y nuevos referentes urgentes y necesarios”. Omar fue contundente al negar que sólo nos formamos en la escuela en tanto que tenemos un sistema educativo que fue diseñado para “excluir a la gente”.  Y ofreció el dato espeluznante de que más de 70 millones de los 125 millones de mexicanos son rezago educativo. Actualmente 30 millones están en el sistema escolarizado y desde ya son carne de rezago.”
     Si los espacios escolares no están cumpliendo con su función, ¿entonces quién? Para el pedagogo no cabe la menor duda: “Los medios de comunicación, la publicidad, las experiencias contemporáneas de formación colectiva.” Y añadió otro dato estremecedor: los jóvenes de 20 años tienen acumuladas alrededor de 45 millones de impactos publicitarios…además de las miles de horas de formación colectiva de la calle, antros, estadios, transporte y centros comerciales.
     Me pregunto si éste es el contraimpulso que necesitamos para construir un nuevo tejido social donde una nueva educación, el arte y la cultura son las herramientas más nobles y atemporales con las que contamos para recrear el mundo, rescatando un nuevo renacimiento económico/cultural humanista acompañado de las nuevas tecnologías.
     ¿Cómo nos vamos a reinventar? Cecilia Lugo, coreógrafa, afirma que ante eso no hay nada escrito y lo resolveremos como creadores que somos. Pero requerirá de  una ética, una poiesis para vivir de manera poética y creativa. Fernando de Ita, crítico de teatro, puso el dedo en la llaga al preguntarse sobre la nueva sintaxis de la cultura. ¿De qué manera la estamos programando? No hay vanguardia sin tradición y no hay tradición sin ruptura. Ante esto, José Antonio Robles Cahero, músico e investigador plantea que para empezar ¿cómo estamos enseñando el arte? Los jóvenes ya no necesitan estudiar siete años para ser compositor con la nueva tecnología existente, dice. “No creo que esto aplique a la danza o al teatro, pero esto nos enseña otra forma de ver la música”. Cita el caso del etnomusicólogo inglés que en su libro Cuán musical es el ser humano afirma que “si puedes hablar, puedes cantar, si puedes caminar, puedes bailar. No es cierto que para poder bailar hay que sufrir y que para componer hay que sufrir mucho. Hay mitos que hemos construido que no nos creemos ni nosotros mismos. Todos los seres humanos somos potencialmente artísticos pero hay que creérnoslo”. Y advierte que “si enviamos el mensaje de que para ser artista hay que sufrir, pues estamos creando sociedades no artísticas.”
     En este sentido las nuevas sociedades de redes son el mejor aliado para propagar nueva  cultura. Con 40 millones de usuarios en las redes sociales todos los días e intercambian ideas. O como dijo Fernando de Ita, “la clase dominante pone la ideología y las clases populares ponen la contracultura. El futuro de la cultura está en todos estos movimientos erráticos en donde la población no tiene acceso a los bienes y servicios culturales oficiales”, pero sí tienen una dinámica propia que hay que reconocer como una expresión cultural.
     Sergio Bautista, antropólogo y promotor cultural está convencido de que hemos heredado un pasado “con una carga social destruida” y  las artes son importantes para sanar esa herencia. El arte recupera el espacio público, donde se debe dar este debate, opina. Ahí el arte es resistencia civil, como en Ciudad Juárez y el estado de Tamaulipas. Grupos artísticos ocupan  los espacios públicos, las escuelas y los llenan. Son espacios que había copado el narco.
     La descomposición social contemporánea sería, para los participantes de la Tertulia, la semilla de un futuro que va a tener que recomponer el tejido social. Los economistas saben que el sistema social como el mexicano, entre muchos, no podrán sostenerse por mucho tiempo. “Imaginemos la crisis cuando todos esos desocupados ya no puedan cobrar las pensiones,” sostiene Fernando de Ita.  Pero no sólo están desamparados los adultos mayores. Omar Chanona reflexiona sobre la otra mitad de la población cuando la sociedad “le declaró la guerra a los niños y a los jóvenes y a sus formas de pensar”. En este contexto, el arte necesita ser entendido como método de conocimiento para aprovechar esa potencialidad y no como “fuga o éxtasis” exclusivamente.
     ¿Renunciamos a las instituciones para que la utopía se genere, o renovamos las instituciones que se llevan el 80 por ciento del gasto público en burocracia?, pregunta de Ita. ¿Las incendiamos o promovemos la ciudadanización de las decisiones de la cultura?
     Emma Cecilia Delgado, maestra y bailarina apuesta por las instituciones como espacios donde se generan “nuevas reflexiones y herramientas”. Hay cantidad de brillantes maestros que “están picando piedra enfrentando al poder que impone criterios.” Desde ahí hay que incitar a los jóvenes a la curiosidad, a la búsqueda, a la alegría, a la recreación de sí mismos para que puedan respetarse y respetar a los demás”, añade. Cecilia Lugo coincide: “Desconocer de un día para otro a las instituciones no es real. Podemos dialogar para que se transformen. Eso es real y a la vez un desafío.”
     Omar Chanona se niega a pensar que “ese gradualismo” sirva de algo porque las instituciones  “ya no dan más”. El reto consiste en cómo pensar las instituciones y cómo formar a los ciudadanos para la toma de decisiones correctas. Ana González, maestra y coreógrafo observa que lo único que le queda claro es que “la institución no legitima el hacer artístico, sino las personas”. Los contextos de la descomposición como ciudad Juárez lo están resignificando todo, dice. “En el DF estamos acostumbrados a que la institución nos legitime cuando en otras partes del país son las personas quienes legitiman el trabajo artístico.”
     De Ita  reconoce que a las instituciones les corresponde reivindicar su servicio público. “Cuando logremos eso en la política y en la economía, en la educación y en la cultura podemos hablar de otro país.” Hay diez millones de habitantes en las grandes delegaciones con un público para todo tipo de artes, dice. “Si la burocracia se abriera al servicio como una necesidad vital para lograr un nuevo renacimiento en las colonias populares a partir del baile, del grafiti, de la contracultura, todos volveríamos a respirar. Como dice José Antonio, el arte es la única manera que nos queda para renacer y tener multiplicidad de identidades.” Cecilia Lugo reconoce que hay un prejuicio que induce al artista a producir para su pequeña comunidad. “Lo que hacemos nunca llega a ese gran público”.
     A partir de todo lo dicho lo más probable es que las instituciones, tal y como las conocemos, forzosamente se van a ir borrando. Hay una “revolución silenciosa”  que está creando un mundo paralelo frente a ese que ya está agotado. El nuevo emerge con otro planteamiento de la vida en sociedad. El momento actual exige que ya no pongamos nuestra atención en aquello que no funciona,  sino en una posibilidad distinta plena de vida futura. 

Tertulia sobre arte y educación organizada por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, Museo del Estanquillo, mayo del 2012