6/8/12

Para un Teatro de Situaciones (1947)


Por Jean Paul Sartre

La gran tragedia, la de Esquilo y Sófocles, la de Corneille, tiene como principio la libertad humana. Edipo es libre, libres son Antígona y Prometeo. La fatalidad que parece evidenciarse en los dramas antiguos no es más que la contraparte de la libertad. Inclusive las pasiones son libertades que han caído en su propia trampa.

El teatro psicológico, el de Eurípides, el de Voltaire, el de Crébillon hijo, anuncian la declinación de las formas trágicas. Un conflicto de caracteres, cualquiera sea la complicación que se introduzca, es sólo un entramado de fuerzas cuyos desenlaces son previsibles: todo está decidido de antemano. Aquel a quien las circunstancias conducen hacia su propia perdición no se rebela. Sólo hay grandeza en la caída cuando es producto de las propias faltas. Si la psicología molesta en el teatro no es porque se abuse de ella sino porque se la emplea a medias; es una pena que los autores modernos hayan descubierto este conocimiento bastardo y lo hayan aplicado inadecuadamente. Les falta la voluntad, la blasfemia, la ebriedad del orgullo que son las virtudes y los vicios de la tragedia.
En consecuencia, el sustento central de una pieza no es el personaje expresado con expertas “palabras de teatro” y que sólo constituye nuestras propias protestas (protestas de irritabilidad, de intransigencia, de fidelidad, etc.), sino la situación. No se trata de imbroglio superficial que sabían construir tan bien Scribe y Sardou y que no tenía ningún valor humano. No; si es verdad que el hombre es libre en una situación dada y que se elije en y por esa situación, en el teatro es preciso mostrar situaciones simples y humanas, y las opciones libres que se hacen en esas situaciones. El personaje surge después, cuando ha caído el telón. Es la consolidación de la elección, su esclerosis; es aquello que Kierkegaard denomina la répétition. Lo más conmovedor que puede mostrar el teatro es una personalidad que se está formando, el momento de la opción, de la decisión libre que compromete una moral y toda una vida. La situación es una llamada; ella nos cerca, nos propone soluciones; debemos decidir nosotros. Y para que la situación sea profundamente humana, para que ella ponga en juego la totalidad del hombre, cada vez hay que presentar situaciones-límite, es decir, aquellas que presentan alternativas, una de las cuales es la muerte. De este modo, la libertad se revela en su más alto grado puesto que acepta perderse para poder afirmarse. Y puesto que no hay teatro mientras no se realice la unidad de todos los espectadores, es preciso encontrar situaciones tan generales que sean comunes a todos. Lanzad a los hombres en estas situaciones universales y extremas que les dejan solo una doble salida, haced que al elegir la salida se elijan a sí mismos; habréis triunfado, la pieza es buena.
Cada época toma la condición humana y los enigmas propuestos a su libertad a través de situaciones particulares. En la tragedia de Sófocles, Antígona debe elegir entre la moral de la ciudad y la moral de la familia. Este dilema ya no tiene sentido en nuestros días. En cambio tenemos nuestros problemas: el de los fines y los medios, el de la legitimidad y la violencia, el de las consecuencias de la acción, el de las relaciones entre persona y colectividad, el de la empresa individual en relación con las constantes históricas y cientos de otros problemas. Me parece que la labor del dramaturgo consiste en escoger entre estas situaciones-límite aquella que expresa mejor sus preocupaciones y presentarla al público como la cuestión que se plantea a algunas libertades. Solamente así el teatro reencontrará la resonancia que ha perdido, sólo así podrá unificar a los públicos diversos que hoy en día lo frecuentan.
Orestes asesinando a su madre

Sartre, Jean Paul, Para un teatro de Situaciones, en La Rue, no. 12, noviembre 1947. Reproducido en Un teatro de Situaciones, Buenos Aires, Ed. Losada, 1979, pp.15-16 (trad. de Mirta Arlt) 
     Luis Mario Moncada y Edgar Chías (Antologadores), El Drama Ausente (Manifiestos, Textos de Fundación y Pronunciamientos), México DF, Anónimo Drama/Centro Cultural Helénico, 2005, 174 pp.