15/9/12

1er. Manifiesto de la Zona del Miedo (1989)



Por Raquel Araujo y Mauricio Rodríguez
(La Rendija)

Todo ser creativo es propenso a caer en la dimensión del caos y el desorden.
En este nuevo teatro el actor debe estar dispuesto a la implosión.
El proceso actoral deberá contener los dos anteriores principios para que se le pueda denominar anti-entrenamiento.
El trabajo es fundamental para trascender la visión esquemática y unilateral de la vida, que hemos aprendido, y que nulifica nuestras capacidades creativas.
La exploración debe pretender el encuentro con: personificaciones internas, descalificaciones del exterior, mitificaciones, sublimaciones, satanizaciones, y todo esto constituirá la casa interna, el universo individual, los elementos de trabajo.
 El anti-entrenamiento contendrá como base de trabajo la reconstrucción y la despersonificación.
La reconstrucción y la despersonificación deberán entenderse como el desmantelamiento de los conceptos que dan forma a nuestro pensamiento.
Este concepto que viaja a contrasentido presupone la perturbación del orden, es decir, el cuestionamiento de nuestro sistema pensante, la aseveración contracultural que comenta el mismo fenómeno cultural.
Esta nueva expresión teatral invadida por el caos da nacimiento a la inevitable multiplicación del discurso, en otras palabras, hablamos de la diseminación=Lo que hay fuera del texto. O matriz significante.
En el proceso de creación los participantes creativos caminarán sin rumbo fijo.
El inicio de este trabajo creativo manifestará un síntoma muy raro, inevitable y característico: la investigación.
Rechazamos cualquier tendencia a lo que nosotros denominamos investigación muerta: investigación=conocimiento=adquisición de información=verdad absoluta=autorización=visión unilateral del universo creativo y adquisición de conocimiento.
La nueva investigación deberá partir de diferentes maneras alternativas de obtener conocimiento.
Esta nueva investigación parte de la premisa: No la relación sujeto-objeto, sino la conversión objeto-sujeto, es decir, que el objeto de investigación es uno mismo; para despojar de la frialdad mortuoria al teatro casado con conceptos que no le pertenecen y nunca le pertenecerán al ser creativo.
El trabajo con uno mismo será como un virus que se contagia espiritualmente, es decir, que afecta el pensamiento, la voluntad humana y la conciencia.
Se trata ante todo de buscar una interacción dinámica que guarda la naturaleza del entorno con la naturaleza de la persona.
Se trata ante todo de que este contagio, del que tantas veces habó Artayd, se vuelva ahora la puerta de liberación de los hedores restrictivos y putrefactos de un teatro que no permite la libertad creativa por miedo a involucrar al ser interno, se trata, en conclusión,  de libertad.
El lenguaje escénico será el resultado de una búsqueda incansable liberada de preconcepciones y ubicada en una tarea crítica y autoreflexiva.
En este trabajo el proceso reconstructivo, es decir el desmantelamiento o cuestionamiento de conceptos que dan forma a nuestros sistema pensante no precisa de un guía o gurú, en algunos casos sí de un compañero de viaje.
La constante de este nuevo teatro es el rigor en el trabajo, la autodisciplina, la entrega total del sentido de mi propia vida a la búsqueda de mi lenguaje creativo.
El riesgo de perturbar, penetrar y explorar nuestra zona que negamos, nuestras zonas con las que nunca dialogamos o jugamos, nuestras zonas del miedo.
Raquel Araujo en Hasta Morir (1989) Foto Omar Valdés

Inédito