7/9/12

El teatro Fronterizo (1977)


Por José Sanchis Sinisterra


I

Hay territorios en la vida que no gozan del privilegio de la centralidad.
Zonas extremas, distantes, limítrofes con lo Otro, casi extranjeras.
Aún, pero apenas propias.
Áreas de identidad incierta, enrarecidas por cualquier vecindad
La atracción de lo ajeno, de lo distinto, es allí intensa.
Lo contamina todo esta llamada.
Débiles pertenencias, fidelidad escasa, vagos arraigos nómadas.
Tierra de nadie y de todos.
Lugar de encuentros permanentes, de fricciones que electrizan el aire.
Combates, cópulas: fértiles impurezas.
Tradiciones y pactos. Promiscuidad.
Vida de alta tensión.
Desde las zonas fronterizas no se perciben las fronteras.


II

Hay gentes radicalmente fronterizas.
     Habitan donde habiten, su paisaje interior se abre siempre sobre un horizonte foráneo.
Viven en un perpetuo vaivén que ningún sedentarismo ocasional liquida y, además de la propia, hablan algunas lenguas extranjeras.
     Se trata, generalmente, de aventureros frustrados, de exploradores más o menos inquietos que, sin renegar de sus orígenes, los olvidan a veces.
     No debe confundírseles con los conquistadores ni con los colonos. Es obvio que ni llevan banderas ni acarrean arados. Raramente prosperan o son enaltecidos.
     Todo lo más, acampan en la vida hasta que comienza hacérseles familiar el entorno. O hasta que llegan otros y se instalan, el paisaje comienza a ponerse ya limitarse.
    Entonces parten, hacia dentro hacia fuera, hace un lugar sin nombres conocidos.
    Carecen por completo demorar las costumbres.


III

Hay una cultura fronteriza también, o quehacer intelectual y artístico que se produce en la periferia de las ciencias y de las artes, en los aledaños de cada dominio del saber y de la creación.
     Una cultura centrifuga, aspirante a la marginalidad, aunque no a la marginación -que es a veces su conciencia indeseable-, y la exploración de los límites, de los fecundos confines.
     Sus obras llevan siempre el estigma del mestizaje, de esa ambigua identidad que les confiere un origen a menudo bastardo. Nada más ajeno esta cultura que cualquier concepto de Pureza, y lo ignora todo de la Esencia.
Es, además, apátrida y escéptica y ecléctica.
     De su desprecio por los cánones le viene el ser proclive a la insignificancia ya la desmesura. Como, por otra parte, no pretende servir a ningún pasado, glorioso o infame humilde-es contraria a la ley de la herencia-, ni piensa contribuir a la edificación del futuro, sus obras son casi tan efímeras como la misma vida.
     Ello no basta para que en sus enclaves, en sus regiones imprecisas, ausentes de los mapas, irrumpan vocingleras las vanguardias, levanten sus tinglados los doctos académicos y acaben erigiéndose museos.
     No hay por qué lamentarse demasiado. Surgen, aquí allá, nuevas fronteras culturales. Incluso en lo que fueron antaño metrópolis del arte y de la ciencia, abandonadas hace tiempo, olvidadas acaso, o mal comprendidas por los actuales mandarines, pueden abrirse parajes inusitados, remotos horizontes extranjeros.
     Ocurre también que alguien descubre lindes transitables entre demonios en apariencia distantes, zonas de encuentro entre dos campos que se ignoraban mutuamente.
   Así que a la deriva, a impulsos del azar o del rigor, discurre permanentemente una cultura fronteriza, allí donde no llegan los ecos del Poder.


IV

Hay -lo que ha habido siempre- un teatro fronterizo.
Íntimamente ceñido fluir de la historia, la Historia, sin embargo, lo ha ignorado muy a menudo, quizá por su adhesión insobornable presente, por su vivir de espaldas a la posteridad. También por producirse fuera de los locales inequívocos, de los recintos consagrados, de los compartimentos netamente serviles a sus rótulos, de las designaciones firmemente definidas por el consenso colectivo o privado.
     Teatro ignorante a veces de su nombre, desdeñoso incluso de nombre alguno. Quehacer humano que se muestra en las parcelas más ambiguas del arte; de las artes y de los oficios. Y en las fronteras mismas del arte y de la vida.
      Oficio multiforme, riesgo inútil, juego comprometido con el hombre.
     Es un teatro que provocan inesperadas conjunciones o delata la estupidez de los viejos cismas, pero también destruye los conjuntos armónicos, desarticular venerables síntesis y hace, de una tan sola de sus partes, el recurso total de sus maquinaciones. Y ahí que con frecuencia resulte irreconocible, ente híbrido, monstruo fugaz e inofensivo, producto residual que fluye tenazmente por causes laterales. Aunque a veces acceda a servir una Causa, aunque provisionalmente asuma los colores de una u otra bandera, su vocación profunda no es la Idea o la Nación, sino el espacio relativo en que nacen las preguntas, la zona indefinida que nadie reivindica como propia. Una de sus metas más precisas -cuando se las plantea- sería suscitar la emergencia de pequeñas patrias nómadas, de efímeros países habitables donde la acción y el pensamiento hubieran de inventarse cada día.
    Pero no es, en modo alguno, un teatro lejano las luchas presentes. Las hace suyas todas, y varias del pasado, y algunas del futuro. Sólo que, en las fronteras, la estrategia las armas tienen que ser distintas.


El teatro fronterizo: planteamientos

El Teatro Fronterizo es un lugar de encuentro, investigación y creación, una zona abierta y franqueable para todos aquellos profesionales del teatro que se plantean su trabajo desde una perspectiva crítica y cuestionadora.
Lo que llamamos Teatro, esa institución que languidece en la periferia de nuestra vida social -a pesar de que sus salas se levantan en el centro de la Ciudad-, no es más que una forma particular de la teatralidad, una estructura sociocultural generada por y para una clase determinada, la burguesa, en una etapa de su evolución histórica.
Para crear una verdadera alternativa a este "teatro burgués", no basta con llevarlo ante los públicos populares, ni tampoco con modificar el contenido ideológico de las obras representadas. La ideología se infiltra y se mantiene en los códigos mismos de la representación, en los lenguajes y convencionalismos  estéticos que, desde el texto hasta la organización espacial, configuran la producción y la percepción del espectáculo. El contenido está en la forma. Sólo desde una transformación de la teatralidad misma puede teatro incidir en las transformaciones que engendra el dinamismo histórico. Una mera modificación del repertorio, manteniendo invariables los códigos específicos que se articulan en el hecho teatral, no hace sino contribuir al mantenimiento de lo "lo mismo" bajo la apariencia de "lo nuevo", y reduce la práctica productiva artística a un quehacer de reproducción, de repetición.
Se hace preciso, pues, revisar y cuestionar a través de la práctica los componentes de la teatralidad, investigar sus manifestaciones en dominios distintos al Teatro, en tradiciones ajenas al discurso estético de la ideología dominante, en zonas fronterizas del arte y de la cultura.
     El Teatro Fronterizo se plantea éste ambicioso programa de revisión y cuestionamiento de la práctica escénica en todos sus niveles de una forma gradual y sistemática, acotando para cada etapa, para cada experiencia, una área de investigación determinada, en la que son focalizados aquellos segmentos de las estructura teatral sujetos examen: la naturaleza del texto dramático y el modo de escritura teatral, la noción de "personaje" y su relación con las funciones escénicas del actor, el imperialismo de la "fábula" y la estructura de la trama, los conceptos de Unidad y Coherencia estéticas, el pretendido carácter discursivo de la representación, las fronteras entre narración oral e interpretación, la plasticidad del espacio espectacular, la teatralidad diferente del juego, del ritual, de las fiestas, de la juglaría... Toda una serie de cuestiones aparentemente "formales" pero que comprometen el lugar, el sentido, y la función del hecho teatral en la cultura y en historia.
El Teatro Fronterizo es un grupo abierto. Abierto a práctica es de expresión y comunicación no teatrales e incluso no artísticas, por considerar que la teatralidad no es algo definitivamente establecido por los sistemas y códigos tradicionales, sino una dimensión humana de reconocimiento y autoconstrucción que cambia con el hombre, que precede, acompaña o sigue sus deseos de cambio.


Itinerario fronterizo (fragmento)

... "El Teatro Fronterizo es, antes que un grupo dedicado a la realización espectáculos, un taller de investigación y creación dramatúrgica, un laboratorio de experimentación textual. Cada uno dos montajes producidos hasta la fecha es el resultado de un trabajo previo de manipulación y elaboración de materiales literarios originalmente no dramáticos, cuya teatralidad se pretende verificar." (...) "Subvertir la teatralidad a partir del trabajo textual mismo y, desde allí, en una etapa posterior, cuestionar la condición espectacular atribuida a los códigos escénicos, son requisitos indispensables para desarticular los modelos ideológicos que esclerotizan la práctica teatral desde su matriz espectacular." (...) "Escribir desde la escena, escenificar desde la escritura. Cuestionamiento recíproco de textualidad y teatralidad."
... "El hecho de que El Teatro Fronterizo tenga un carácter de teatro marginal no es una situación deliberada, sino la consecuencia de la relación entre la práctica teatral habitual y otra, la nuestra, que pretende cuestionar, hace preguntas y explorar zonas. La marginalidad no es una vocación; lo es en cierto modo plantear unos trabajos que puedan provocar la emergencia de nuevas demandas. Dada la pobreza teatral aquí, esa condición fronteriza se convierte en marginal. El concepto de lo marginal y lo fronterizo no son, como puede parecer a primera vista, sinónimos. La nación de margen se define  en la relación de un espacio pleno con un espacio vacío, con una exterioridad que se da como no man´s land. En cambio, la nación de FRONTERA establece la intersección entre dos plenitudes, entre dos territorios igualmente plenos, pero que se viven recíprocamente bajo el signo de la otredad. Una plenitud puede ser reconocida, propia, y la otra desconocida, ajena, incógnita... Trazar la frontera entre ambas, o encontrarla y situarse en ella, significa renunciar a toda pretensión de confortante centralidad."

Originalmente en: Sanchis Sinisterra; José. La escena sin límites (Fragmentos de un discurso teatral), Ciudad Real, España. Ñaque Editora, 2002, pp. 33-40