15/9/12

Teatro personal (1992)


Por Gabriel Weisz.

Cuando nos ponemos a pensar sobre la relación entre espectadores y actores parece plantearse una situación singular que nos permite distinguir a unos de otros. No obstante, el espectáculo está presente en todas las funciones de nuestra vida cotidiana. [...]
     Con todo, parece ser que estamos dotados de un singular sistema que convierte los eventos más disímbolos espectáculos de diversa naturaleza. Y donde los actores pueden ser activos o pasivos; fuerzas de la naturaleza; animales en su medio ambiente o aún en circo y hasta un zoológico, si así se prefiere. En cuanto entramos a estos terrenos es saludable advertir que una obra de teatro difiere del fenómeno de la representación. Puesto que nuestra facultad para representar es prácticamente infinita, ya que así nos formamos un concepto del mundo, es la representación el fenómeno más vasto del espectáculo y, el teatro, tan sólo una parte de este fenómeno.
     El teatro está enclaustrado en un ambiente artificial que simula una realidad exterior o interior. Y esto puede verse por la disposición de una escenografía que simula ser algo. Un actor que simula ser un personaje y un director que busca los efectos tan apropiados para construir una ilusión particular. Tenemos a un grupo de personas que se encargan de fórmula de modelo concreto que pueda acomodar diversas interpretaciones de una realidad.
     Cada vez resulta más aparente que un modelo viene acompañado de una serie de técnicas que el director y los actores instrumentan para tener acceso a la realidad antes mencionada. Esta realidad está compuesta de un conglomerado conceptual hecho de la filosofía, la ciencia, la política, el arte y otros fenómenos que vienen a formar una veta inagotable para tornar la realidad en un fenómeno multifacético.
     El público, a su vez, puede o no estar enterado del conglomerado pero organiza la experiencia según sus posibilidades imaginativas. Pero antes que nada existe un proceso de transformación entre una obra determinada y su público. Esto no siempre es cierto ya que subsisten formas teatrales que no buscan transformación alguna y que sólo vienen a fortalecer una serie de convenciones sociales. Esta variedad puede identificarse como teatro cerrado en tanto que retroalimenta su propio sistema de control para establecer diversas jerarquías en el poder.
     En éste sentido el teatro se convierte en una manera de manipular una situación social e impedir que exista cambio alguno.
El teatro abierto, por otro lado, busca la integración del conglomerado conceptual. Pero esto sólo puede ocurrir cuando un grupo teatral se articula dentro de un determinado proyecto de investigación. Este proyecto debe permitir la libre fluctuación entre ciencias y arte con el propósito de liberarse de los determinismos de una cultura dada.
      El público, dentro del espacio de un teatro abierto, no entra en el proceso circular de ver reforzadas sus estructuras de poder, sino que participa en la activación de una cultura vital que crece por sus posibilidades de combinación y no por la adaptación al clima político que la contiene.
     El teatro abierto debe abandonar la visión tajante entre público y actores, buscando un espacio cada vez más grande para la participación. Pero el problema de la participación siempre ha sido grande ya que se pretende reglamentar la acción de individuos que no estan en el grupo creativo. Los espacios creativos de la representación son mucho más flexibles puesto que dependen de la organización autónoma que cada individuo elige sin tener que aceptar guía alguna
     Se tratará de romper con el centralismo de un grupo creador activo y un público pasivo. En este sentido el público entra en proyecto de investigación al que aporta sus propias necesidades y vida imaginaria.
Ante el condicionamiento al que estamos sujetos en las instituciones de enseñanza, instituciones profesionales o instituciones culturales, se buscaron juego que rompa con las limitaciones impuestas por un institucionalismo social.
Ante el condicionamiento de nuestro propio entorno personal y los dictados que seguimos; buscar un juego que nos enseñe a romper las ligaduras y convenciones en las que nos vemos prisioneros de nuestros conceptos. Estamos inscritos en una gramática y sintaxis social y personal que nos sofoca con todas sus reglas porque se traduce en una uniformidad externa y otra de carácter interno. Por ello la desorganización de un cuerpo gramatical y sintáctico permite una apertura de estructuras. La dictadura del texto se transfiere a una inmovilidad de nuestras identidades. Nuestros hábitos entran también en el acondicionamiento gramatical de todos nuestros impulsos vitales. A esto habría que aumentar el autoritarismo semántico que nos inmoviliza en nuestra libre creación de significados.
     El teatro abierto es una invitación a la sublevación interna y externa de todos los individuos que participan en una obra creativa. Por ello se intenta romper con la estabilidad de las definiciones teatrales. El libre flujo con otras ciencias y artes es una forma de escapar a los determinismo es existentes.
     La idea misma de un director resulta repugnante en tanto que implica un centralismo jerárquico en individuo al que se deberán rendir cuentas ante todo lo que se hace. El director debe integrarse al juego y dejar toda posible oportunidad para convertirse en la figura del culto para su propia persona.
     Tal parecería que sólo a través de una participación colectiva es que puede funcionar el teatro abierto. Ésta impresión es falsa porque la creatividad individual es de gran importancia y con ello se requiere de un espacio personal para poder reflexionar sobre lo que quiere hacerse.
     Esta frase resulta importante porque el espacio personal es el lugar para forjar un individualismo que no será susceptible a la manipulación. [...]
El contraste entre el teatro cerrado de personajes y el perfil del teatro personal radica en cambio de estrategia. El personaje es una entidad descrita desde el exterior para ser mostrada ante un público. El actor personal se describe desde el interior involucrando al público en un proceso análogo. Ya he planteado que el público debe estar presente al inicio del proceso, o sea durante la investigación. Esto implica que aquellas personas que desean explorar una parte de sí mismas entran en juego sobre aspectos de su persona. [...]
     Es imposible esbozar el antecedente más directo del Teatro Personal que es la autopresentación. Este término hace referencia global a ciertas representaciones ejecutadas por una sola persona. Sin embargo, ésta no es una característica que explicite la totalidad de estas ejecuciones ya que muchas veces el creador de la representación aparece en sus producciones.
     En las labores que he venido desempeñando como grupos de la UNAM los primeros trabajos guardaban un aspecto testimonial y autobiográfico pero a medida que se afinaron los propósitos del Teatro Personal comenzó a perfilarse el proyecto individual de cada integrante. Como hemos visto por lo descrito anteriormente, en las características del teatro abierto se trata de una indagación hacia un proyecto subversivo no sólo de la cultura impuesta sino también de la cultura que adoptamos como propia.
Foto La Jornada
Tomado de: Tribu del infinito, de Gabriel Weisz, Editorial Árbol, 1992, pp. 115-127.