Nunca fue sólo un juego y ahora nadie duda que es una
religión, pero más allá de su fiesta y su filosofía, más allá de su drama y su
iconicidad, el futbol se ha vuelto un universo en sí. Cuestión de echar ojo a
estas once escenas (y una coda) que juntas o separadas refieren la relación
del hombre con el cosmos. Porque se puede ser parte de la tribu, pero todos
tenemos una percepción particular, una experiencia desde la cual juzgar al
mundo. En este caso, se trata del portero que mira el juego a la distancia y,
no obstante, es el protagonista de sus momentos más críticos, cuando el balón se
cita con la red. En los 90 minutos que se narran
encontraremos abordamientos sociológicos al tema (“jugadores mercenarios”); análisis de cálculo y
probabilidad (“¿derecha o izquierda?”); invitaciones al Fair play (“¡Hijo de puta, aquí te espero!); relaciones padre-hijo
(“El míster me ignora, el míster siempre me ignora”) y hasta invocaciones a la
épica (“Me debo convertir en un dragón; debe parecer que la portería es tan pequeña
como una caja de cerillas”), pero siempre, al final, para Josu Martínez la
humanidad se divide sólo en dos: entre quienes quieren meter goles y quienes
quieren pararlos.
Cosas que hipnotizan a tu pareja en la cama (OMG!)
Hace 2 años.

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