5/1/10

Inversión Térmica



Teniendo como marco la profunda crisis social y económica detonada en 1994, la Casa del Teatro anunció a principios del siguiente año el inicio de sus temporadas de Teatro Clandestino, que tenían como objetivo recoger los acontecimientos políticos y sociales de actualidad para iniciar una interlocución escénica de inusitada inmediatez. La convocatoria para la creación de las obras tomaba en cuenta tres aspectos: una escritura rápida que, en un plazo inmediato pudiese subir a escena; un tema todavía vigente en los diarios y en la discusión cotidiana, y una propuesta escénica que se pudiese resolver con la mayor austeridad. Así, en junio del crítico 95 se llevó a cabo el primer ciclo, que inclúia las obras Todos somos Marcos, de Vicente Leñero, Los ejecutivos, de Víctor Hugo Rascón Banda, Méxican dream, de Osvaldo Dragún, y La manta que las cobija, de José Ramón Enríquez.
Inversión térmica fue incluida en el segundo ciclo, iniciado en noviembre del mismo año. El asunto del que echa mano es el de la cifra récord de suicidios en el metro registrada durante 1995, consecuencia evidente de la crisis económica y el incierto futuro para miles de habitantes de la Ciudad de México. Nuestro propósito fue siempre colocarnos en el borde del andén y tratar de imaginar lo que pasa por la cabeza del suicida en el momento mismo que atenta contra su vida. La estructura externa está prestada de la Crónica de una muerte anunciada, cuya premisa es romper la linealidad de la historia para reconstruir la esencia del momento a partir de los rastros y los testimonios. El sonido juega un papel fundamental en esta estructura escénica pues asume la conducción y la progresión emocional de la obra. En última instancia, la pretensión fue redimensionar el minúsculo espacio de la Casa del Teatro y proponer una metáfora sobre la caída de aquellos pájaros sin rumbo que, sin saberlo, nos advierten de la profunda crisis social, económica, moral y ecológica en la que estamos atrapados.